Sumó el Tenerife su séptimo empate en trece partidos de esta Liga maldita que se empeña en señalar objetivos modestos para el equipo blanquiazul, que no parece estar para otra cosa que para pelear la permanencia en la categoría.
De momento la salva por errores ajenos, porque sus números actuales resultan insuficientes, escasos, decepcionantes. Una cosa es estar un peldaño por debajo de los aspirantes al ascenso y otra muy diferente es verlos tan lejos, inalcanzables en la medida que el conjunto de Oltra es incapaz de sumar de tres en tres.
Pudo hacerlo anoche en el duelo casero ante el Albacete, pero también pudo haber perdido porque el modesto equipo manchego coqueteó con el gol en un par de acciones de la segunda mitad.
Era la clase de encuentro en el que un gol de cualquiera de ambos contendientes decidía la suerte del mismo, pero ese tanto no llegó gracias a las manos de Dani Hernández, los palos de ambas porterías y los fallos en el remate de Filip Malbasic, el delantero más atinado del Tenerife. El ariete serbio, jugando en su posición, es el futbolista más desequilibrante que tiene Oltra ahora mismo, sobre todo en comparación con la abulia que tiene a Nano Mesa sometido al ostracismo durante toda la temporada. Y no sé si podemos esperar otra cosa del canterano durante el resto de Liga, porque pasan los partidos y su aportación es mínima en juego y por supuesto en goles.
Lo mismo se puede decir del otro gran fichaje de la presente temporada, un José Naranjo que ayer incluso falló lo infallable, un servicio de Malbásic en boca de gol idóneo para rematarlo a puerta vacía en el segundo palo. Pero ni eso fue capaz de embocar el andaluz, la gran decepción del Tenerife en lo tocante a unos refuerzos que son sin duda alguna un desastre, pues solamente Undabarrena, uno que llegó en voz baja, se ha consolidado como integrante casi fijo en el once titular. Este Tenerife comunica desasosiego si miramos la clasificación, pero sobre el césped transmite algo más preocupante: pura resignación.






















