Consumidos dos meses de competición, al Tenerife no le salen las cuentas. Los guarismos que arroja el equipo insular son, sencillamente, para llorar. En descenso, y eliminado de Copa a las primeras de cambio, la tímida mejoría del equipo en Zaragoza es el único vestigio para el optimismo.

El proyecto 2018-2019 se tambalea desde hace algunas semanas, con el entorno seriamente disgustado, sobre todo, con aquellos que se han convertido en factor común de las continuas decepciones del pasado y el presente, como son Miguel Concepción y su directiva, y, por supuesto, Alfonso Serrano.

Otro año más, a finales de octubre el panorama es desolador. Y los números, aquellos indicadores que resultan irrefutables, no mienten. Cuarto por la cola, con nueve puntos de treinta posibles, sólo Cádiz (8), Córdoba (7) y Nástic (6), empeoran a un Tenerife deprimente.

El Tenerife ha disputado, hasta la fecha, once partidos oficiales entre Liga y Copa. En todos ellos, sólo un triunfo, el sumado el 29 de septiembre, en Liga, ante el Cádiz. De resto, seis empates, dos de ellos cosechados en el último suspiro del descuento (Tarragona y Zaragoza) y hasta cuatro derrotas.

De resto, los nueve goles a favor y catorce en contra arrojan un balance muy negativo para un equipo en el que, además, no aparecen los hombres franquicia. Las apuestas del verano, como son Nano y Naranjo, especialmente este último, no aparecen. El caso del delantero onubense es, quizás, el más preocupante. Suma dos suplencias consecutivas y, en La Romareda, con tiempo para cambiar el partido, no tuvo influencia alguna en el juego del equipo.

En este sentido, los delanteros del Tenerife firman números ciertamente deprimentes: Entre Naranjo, Nano y Malbasic suman tres goles, entre los tres, en estos once choques oficiales. Unos guarismos que, seguramente, expliquen parte del problema.

En cualquier caso, llegar a noviembre con evidentes problemas clasificatorios ya empieza a ser una costumbre. En los últimos cinco años, el equipo siempre ha llegado a este punto de la competición con evidentes problemas de juego y resultados.

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