La dimisión de Montse Mínguez portavoz de la Ejecutiva Federal del PSOE, parlamentaria por Lleida no me ha quitado esta turbación que hoy siento. No me sirve que la que hasta ahora hablaba en nombre de ese partido lo haya hecho después de una información periodística exclusiva. Lo deja todo en plena campaña, su acta de diputada y su inclusión en las listas socialistas. Mínguez defiende que toda su actividad es «absolutamente legal».
Pero eso no quita para que yo siga desconcertado. No sé a quién votar. Ninguno de los partidos que se presentan pone encima de la mesa propuestas que terminen de convencerme. Ni la derecha, ni la ultraderecha, ni la izquierda, ni los que están más a la izquierda, ni los nacionalistas ofrecen respuestas que despejen mis dudas. ¿Qué hago? ¿A quién le entrego mi voto el próximo 29 de noviembre? No quiero votar contra nadie, ni hacerlo por miedo a que gane el adversario. Quiero votar porque me convence un proyecto. Porque encuentro propuestas que me ilusionan y porque creo que quienes las defienden saben cómo llevarlas a la práctica. El problema es que no termino de encontrarlas.
No necesitamos políticos que nos enseñen a enfadarnos. Lo que necesitamos los ciudadanos es que nos den razones para confiar en ellos. Y periodistas que no se conformen con reproducir lo que los políticos quieren que escuchemos.
Decía La Gaceta de Canarias en su editorial, que comparto, que “votar no es entregar la conciencia. Leer un periódico tampoco. Ni los partidos ni los medios tenemos derecho a confundir la confianza de los ciudadanos con un permiso para burlarnos de ellos”.
Y quizá ahí esté el origen de mi desconcierto. Hemos llegado a un punto en el que las dimisiones se producen cuando una información periodística obliga a reaccionar, las explicaciones llegan después de que el escándalo haya estallado y las responsabilidades se asumen cuando ya no queda más remedio. Mientras tanto, los ciudadanos seguimos esperando respuestas sobre la vivienda, las pensiones, la sanidad, los salarios y el coste de la vida. Nos piden confianza, pero la confianza no se exige: se gana. Y no se recupera con un comunicado, una dimisión o una promesa de regeneración, sino con hechos, transparencia y respeto a quienes pagan sus impuestos y depositan su voto.
Por eso, cuando llegue el 29 de noviembre, quiero votar con la cabeza y con la conciencia tranquila. No quiero que me empujen a una papeleta por miedo, por inercia o porque alguien me diga que la alternativa es todavía peor. Quiero que me expliquen qué van a hacer, cómo lo van a hacer y de dónde saldrá el dinero para cumplirlo. Porque mi voto no es propiedad de ningún partido, ni mi conciencia está en venta.
Hay algunas novedades en las listas electorales. En el PSOE han cambiado y ahora serán Juan Antonio Valbuena y Marta Arocha los candidatos al Congreso de los Diputados y Pedro Martín, que ya lo fue en el pasado, y Alicia Álvarez, que en la anterior Legislatura ocupó la segunda plaza al Congreso, los que compitan al Senado.
¿Se sabe algo del tercero? ¿Será un palmero o el propio Sergio Matos, que es también original de esa isla y que tuvo que dimitir por dar una tasa de alcoholemia fuera de lo común? ¿Lo de la tasa por alcohol es solo por un rato?
En el PP también andan a la búsqueda de un cabeza de lista porque Juan Antonio Rojas no va a repetir en ese puesto. Que no quiere vivir de la política, que se ha tragado algunos sapos con la votación de la ley de extranjería y que primero está él y luego todos los demás. Me da que no irá otra vez en ese puesto. Se habla de Gustavo González, que ahora se ocupa de la Viceconsejería de Economía e internacionalización. Pero no se sabe nada de quien ocupará los siguientes puestos.
En CC se sabe que Cristina Valido irá por esta provincia y que se dice, con la boca chica, que Jonathan Felipe, el actual alcalde de Breña Alta, le acompañará como número dos, pero aún no ha participado, no lo hemos visto, en actos de campaña.
En VOX no han dicho esta boca es mía en ninguna de las provincias y en UPC se sabe que la candidatura estará formada por gentes de PODEMOS y de Nueva Canarias, pero nada más aparte de que los nombres que se barajan son los de Noemí Santana y Luis Campos. En Drago Canarias irán por separado, pero nada de nombres aún. Son pura especulación.
Mientras seguimos con el problema de las pensiones, con una cesta de la compra muy por encima de lo que se cobra, con un problema cada vez más acuciado de viviendas, con unos precios de los combustibles por las nubes, con la pobreza en todos los rincones y con una desigualdad cada vez más evidente.
España lleva cuatro años gobernando con los Presupuestos de 2023, prorrogados una y otra vez hasta convertirse en los más longevos de la democracia. Nunca antes una legislatura había terminado sin que el Gobierno presentara un solo proyecto de nuevas cuentas. No ha sido un olvido ni un problema técnico, sino una decisión política: ante la falta de apoyos suficientes en el Congreso, Pedro Sánchez ha preferido no arriesgarse a una derrota parlamentaria que pudiera precipitar las elecciones. Finalmente, el adelanto electoral ha llegado por otros motivos, pero el bloqueo presupuestario continuará.
Y es que las elecciones del 29 de noviembre tampoco permitirán aprobar a tiempo unas nuevas cuentas para 2027. El próximo Gobierno heredará así el mismo problema: administrar el país con unos presupuestos prorrogados, mientras las necesidades de los ciudadanos siguen creciendo y las promesas políticas se acumulan sin respaldo económico actualizado.
Sigo desconcertado. Y, a estas alturas, no sé si el problema es que todavía no he encontrado un partido que me convenza o que esas formaciones han dejado de esforzarse por convencer a quienes no están dispuestos a entregarles su confianza de antemano.
Lo que sí tengo claro es que no quiero que nadie me diga a quién debo votar. Quiero que me expliquen por qué debería hacerlo.
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