Era evidente que la polémica, en el partido de vuelta de la ronda previa de Copa entre Güímar y Hortaleza, suspendido hace una semana por los incidentes que tuvieron lugar en Tasagaya, no iba a faltar en el choque que, este domingo, jugaron tinerfeños y madrileños, a puerta cerrada, en El Peñón.
Tras un partido muy disputado y con continuas alternativas, se llegó a la prórroga con la eliminatoria igualada, hasta que llegó un penalti muy discutido a favor del Hortaleza. En el 103, el meta local Carlos, antes de sacar de puerta y con el balón en sus manos, le soltó un pequeño manotazo al delantero de los madrileños, que había acudido a molestar en el saque, y el árbitro no dudó en pitar pena máxima y amonestar al portero del Güímar. Alhambra anotó justo al borde del descanso de la prórroga.
Aquí, la regla parece clara: "Aunque el portero tenga el balón retenido con las manos, el balón sigue estando en juego. Por lo tanto, cualquier infracción física se castiga con una falta técnica", en este caso con penalti y amarilla al guardameta. En este sentido, el reglamento también señala que "además del penalti, el árbitro deberá mostrar una tarjeta al portero. Dependiendo de la violencia, la fuerza utilizada y la intención, se sancionará con tarjeta roja directa (por conducta violenta) o tarjeta amarilla (por actitud antideportiva)".
Eso sí, en el agravio que protestan los insulares están, al menos, dos posibles penas máximas que reclamaron en área contraria y que no fueron señaladas por el colegiado.
























