La Liga de Segunda División tiene muy mal aspecto para el Tenerife, básicamente porque el equipo ahora entrenado por José Luis Oltra no le gana prácticamente a nadie. El once blanquiazul quiere, le pone ganas, que eso no vamos a negarlo, pero lo cierto es que ni sabe ni puede desactivar a las defensas rivales. Uno termina de contemplar el partido de ayer contra el Lugo y alcanza la conclusión de que los rivales sufren muy poco ante este Tenerife que no rompe un plato, que carece de gol porque tampoco tiene juego, que ahora mismo anda cogido con pinzas, en auténtico estado de depresión. Y no sé si el empeño del entrenador por mantener el esquema de los tres defensas centrales es la mejor receta ahora mismo. En el duelo de ayer en el Heliodoro le bastó al equipo gallego con sumar un futbolista en el centro del campo para controlar la situación, porque Milla y Undabarrena se vieron todo el tiempo en inferioridad numérica ante sus adversarios. Muchos defensas sin rival al que atender, centrales que dudan en la salida del balón, centrocampistas a los que se les acumula el trabajo y delanteros gafados que no ven puerta ni generan desequilibrio. Ese es el panorama ahora mismo del Tenerife, que ya no puede mirar al calendario, ni al banquillo, ni al aún lejano mercado de invierno.
Se impone una mirada hacia dentro, que los futbolistas y el entrenador se hagan cargo de una situación que ya es preocupante, porque sabemos que este club se maneja muy mal en las situaciones de ansiedad derivadas de una mala clasificación. Oltra pidió y obtuvo el respaldo del aficionado en un partido que se sabía difícil. Pero igualmente hay que entender los pitos al final de un encuentro que elimina dudas, que nos termina de quitar la venda: el Tenerife, ahora mismo, está muy mal, y su ubicación en el vagón de cola de la Segunda División no es producto de la casualidad ni la mala fortuna. Los males del equipo tienen solución, y todas las estructuras del club tienen que ponerse a ello.























