Vivimos días difíciles. Nuestro país atraviesa momentos de dolor por acontecimientos trágicos, de enorme convulsión social y de una polarización política que parece extenderse a prácticamente todos los ámbitos de nuestra vida cotidiana.
Y todo ello sucede cuando nos acercamos al final del año, a las puertas de la navidad y de un periodo especialmente importante para la actividad económica.
Por eso, hoy me gustaría hacer una reflexión sobre tres cuestiones fundamentales: ¿Cómo termina económicamente este 2026?, ¿qué debemos tener en cuenta en nuestro gasto navideño? y ¿cuáles son las perspectivas que se abren para 2027?
En primer lugar, debemos distinguir entre el ruido que nos rodea y la realidad de los indicadores económicos.
La economía española mantiene un comportamiento relativamente sólido. El Banco de España, en sus últimas proyecciones de octubre, estima un crecimiento del producto interior bruto del 2,6% para este año y del 2,2% para 2027.
Son cifras que reflejan capacidad de resistencia, apoyada fundamentalmente en el consumo de los hogares, la creación de empleo y la actividad de los servicios.
Sin embargo, no debemos confundir crecimiento económico con bienestar generalizado. Que la economía crezca no significa necesariamente que todas las familias perciban una mejora equivalente en su bolsillo.
El coste de la vivienda, la cesta de la compra y los gastos cotidianos siguen condicionando la capacidad adquisitiva de muchos hogares. Y aquí aparece una variable fundamental: La inflación.
El Banco de España prevé que los precios de consumo van a seguir aumentando, de media, un 3,9% en 2026 y un 3,7% en 2027.
Esto significa que, aunque la economía siga creciendo, el encarecimiento de la energía y la persistencia de determinados costes, continuarán presionando sobre la renta disponible de las familias.
Dicho de una manera sencilla, no basta con que tengamos más actividad económica: necesitamos que esa actividad se traduzca en mayor poder adquisitivo y mejores oportunidades.
En segundo lugar, llega la Navidad, un periodo decisivo para el consumo y para miles de empresas.
El comercio, hostelería, restauración, transporte y turismo afrontarán semanas de alta intensidad. Para muchos pequeños negocios, la campaña navideña puede representar una parte muy importante de su facturación anual.
Pero este año conviene actuar con prudencia. La incertidumbre política, las tensiones internacionales y la evolución de los precios pueden influir tanto en las decisiones de compra como en la confianza de consumidores y empresarios.
Conviene dejar muy claro que la confianza es un factor económico muy importante, por lo que cuando una familia teme que sus gastos futuros aumenten, tiende a contener el consumo. Y cuando una empresa percibe demasiada incertidumbre, puede aplazar inversiones, contrataciones o proyectos de expansión.
Por eso, ante las fechas que se aproximan, cabe recomendar planificar el gasto, evitar el sobreendeudamiento y no confundir la capacidad de consumir con la obligación de consumir. Disfrutar la navidad es compatible con la responsabilidad financiera.
Y llegamos a la tercera cuestión: ¿Qué podemos esperar de 2027? Las perspectivas apuntan a que España continuará creciendo, aunque previsiblemente a un ritmo más moderado.
El Banco de España sitúa ese crecimiento en el 2,2%, pero advierte de riesgos relacionados con la energía, la inflación y la incertidumbre internacional.
A ello debemos añadir los desafíos estructurales: mejorar la productividad de nuestras empresas, analizar la situación de nuestras infraestructuras después de los ocurrido en los últimos días y garantizar la sostenibilidad de las cuentas públicas.
No podemos depender indefinidamente de que aumente el empleo, la población o el consumo.
Necesitamos producir más valor añadido, invertir en innovación y tecnología, mejorar la formación y facilitar que nuestras pequeñas y medianas empresas ganen dimensión y competitividad.
Y en Canarias, evidentemente, debemos prestar atención especial al turismo, al coste de la vivienda, a la productividad, y a la capacidad de trasladar la actividad económica a una mejora efectiva de la calidad de vida de la población.
Terminamos con una reflexión: En momentos de polarización, es fácil pensar que todo depende de la política o de los acontecimientos que ocupan los titulares, pero la economía real también se construye cada día en las decisiones de millones de familias, autónomos, trabajadores y empresarios.
Necesitamos estabilidad, responsabilidad y diálogo. No porque la incertidumbre pueda desaparecer, sino porque una sociedad que genera confianza está mejor preparada para afrontar las dificultades y aprovechar las oportunidades.
Cerremos 2026 con prudencia, sin caer en el pesimismo y recibamos 2027 con realismo y ambición. Porque el verdadero éxito económico no consiste únicamente en crecer sino en conseguir que ese crecimiento se traduzca en más bienestar, mejores oportunidades y un futuro más sólido para todos.
Jordi Bercedo
Economista
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