La sintomatología de un Tenerife que, desde Castalia, ha perdido todo rastro de la solidez demostrada en las cinco primeras jornadas, se repitió en Córdoba para un equipo, el de Cervera, que muestra claras evidencias de declive en su juego y en sus prestaciones sobre el campo.
Y es que, en el Arcángel, se repitió el desastroso balance defensivo que condenó a los chicharreros en Castellón y que, de no ser por la falta de acierto del Cádiz, también habría hecho hincar la rodilla a los isleños en el Heliodoro ante los gaditanos. Viereck entró por León, pero el neerlandés protagonizó un regalo grosero que acabó en el 1-0. Algo parecido en el segundo gol cordobés, en el que César y el propio Viereck primero, y Landazuri después, salen en la foto.
Por delante, Fabricio también ofrece preocupantes señales de estar superado por la categoría profesional, y en las bandas ni rastro de Gerard Valentín y un Chapela que, a pesar de su asistencia, sigue muy lejos de lo que se esperaba de él. Solo Gomis, a ratos, y algún destello en medio de la locura que reinó en el partido, en una segunda mitad en la que dio la sensación de que, a pesar del descalabro defensivo, el Tenerife podía puntuar en el Arcángel, maquilló una realidad palpable, que no es otra que la que muestra que Cervera tiene mucho trabajo por delante para recuperar las señas de identidad que necesita su equipo para volver a ser reconocible.
























