No hacía falta ser demasiado perspicaz para saber que, en cuanto el Tenerife enhebrase un 'par' de semanas con resultados negativos y, sobre todo, mostrando una involución en su juego, identidad y solidez, la figura de Álvaro Cervera se iba a empezar a ver desgastada. Y eso que, puntuativamente, y con la clasificación en la mano, es absolutamente irrefutable que la labor de un recién ascendido como el conjunto tinerfeño está dentro de los parámetros lógicos del único objetivo de la permanencia.

Y ya no hablamos sólo en torno al debate que existe en el seno de la afición tinerfeñista, muy dividida en la defensa, o no, del técnico chicharrero. La derrota en Córdoba sirvió para avivar y acrecentar las dudas que, dentro del propio club, existen sobre la idoneidad de mantener al actual director técnico en su puesto.

Y es que, en las oficinas del Heliodoro, la figura de Cervera nunca ha sido de su total agrado, al menos entre algunos de los principales rectores de la entidad, y, ahora, empiezan a plantear alternativas por si hubiera que tomar alguna decisión sobre el futuro del entrenador.

Pero lo que está claro es que hay que analizar muchos aspectos para encontrar la causa de la caída del equipo en las últimas semanas. Seguramente, culpar al entrenador, más allá de que sea el máximo responsable, no sea justo, y lo cierto es que empieza a ser más que evidente que la comunicación entre la dirección deportiva y el propio Cervera no ha sido lo fluida que debiera.

Varios de los fichajes llegados este verano lo hicieron sin el visto bueno del técnico, y, en varios casos, son perfiles que distan de lo que busca Álvaro Cervera en determinadas demarcaciones. Así se ha podido comprobar en estas primeras fechas del campeonato, en las que, el director técnico del primer equipo ha tirado de un bloque muy determinado, en su gran mayoría de jugadores que ya estaban en plantilla la temporada pasada.

La visita del gigante Girona, principal favorito al ascenso directo junto al Mallorca, empezará a ser determinante, y, más allá del resultado, las sensaciones que dé el equipo podrían empezar a marcar el futuro de Cervera, aunque, al menos a día de hoy, hablar de destitución todavía resulta desmesurado.

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