Hoy no hay Gárgola, sólo un recuerdo para nuestro compañero Santi Negrín, que ya lleva un año con Dios. Santi era como los gatos, por eso me pareció especial.
Sentado de perfil, no sabías si iba, venia, o ya había vuelto. Era un contrapeso perfecto para cualquier tertulia, pues aportaba lo que se llama cintura emocional para mostrar la cara más humana a los problemas, o las discrepancias, y eso lo situaba en un lugar muy especial.
Santi se fue sin avisar, como los gatos, y como hará La Gárgola, pues nada es eterno, salvo el recuerdo de la gente que queremos, y se nos escapan del egoísmo de querer tenerlos a nuestro lado.
[Yo] suelo acordarme mucho de Santi, y no me consuela el silbo, pues ambos sabemos que se nos quedaron muchas conversaciones en el banquillo de la prorroga que la vida no le quiso dar.
No habría Gárgola sin chincheta. Y hoy, sólo debería haber silencio en este espacio, pues ya no está Santi, pero de alguna manera, siempre estará en nuestros pensamientos y corazones.
Pícaro, oportuno, afilado como ese gato con más tablas que una carpintería, sabía decir las cosas con la elegante humildad, y pausa, de una trayectoria profesional enorme.
Esta noche, si miran al cielo, en la bóveda celeste, habrá una luz nueva clavada, es la chincheta de Santi, que ya siempre nos acompañará, y algún día nos reuniremos con él.
Que dios te guarde Santi, allí donde estés.
























