Tuvimos, el sábado, el desfile de las Fuerzas Armadas en Santa Cruz y el domingo, una concentración contra el Gobierno en Madrid. Dos acontecimientos importantes en un fin de semana en los que las noticias no abundaban y eso los hacían de portada de periódico sin lugar a duda. Uno, el desfile, dicen que no desmejoró en nada a los que se realizan en territorio peninsular. Más de cinco mil personas en una parada militar, en la que intervinieron otros siete aviones de la Patrulla Águila, que era la penúltima vez que lo hacían con esos aparatos y 67 vehículos y 33 motocicletas, seguido de la tradicional marcha a pie en la que participaban casi 5.000 personas.
Un desfile que tiñó las calles de Santa Cruz de banderas españolas, pero de las que se han producido algunas ausencias. Por ejemplo, los Reyes accedieron a la tribuna sin la habitual escolta de la Guardia civil a caballo, porque no vinieron. La razón esgrimida es que no se les puede someter a tanto estrés para tan corta misión. Vimos en el desfile a los componentes de bandas de música, cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, pero no vimos a una representación de la Policía Autonómica, que sí estuvieron en un reciente desfile de estas características en Madrid, o la tradicional entrevista que por estos días concede la ministra de Defensa en los medios nacionales. Un bajo perfil por un debate sobre el presupuesto que debemos destinar a la defensa.
Y digo todo eso, no solo por llevar la contraria a lo que se ha publicado y dicho, sino porque este monólogo sea diferente a las crónicas de un día que efectivamente será histórico para los miles de personas que participaron en el evento, ya sea desde las gradas, la calle o en la misma parada militar. Nunca se había visto una lección de Defensa como esta, ni siquiera hace 36 años, con tal despliegue y con tantos elementos. Tenía que decirlo. Alguien me preguntó si había necesidad de tanta expansión de españolidad y la verdad es que no supe responder. Dicen que el material más pesado ha venido en unos barcos especiales que son de la propia Armada, que parte de las dotaciones de los materiales utilizados se han desplazado en navíos y aviones del propio Ejército, pero lo que se hizo no desmerece a lo que se hace en otros sitios de nuestra geografía.
Podríamos hacer un debate de cuánto ha costado eso y si un Gobierno nacionalista, en el ayuntamiento de Santa Cruz, en el Cabildo de Tenerife, o en el Ejecutivo regional se debe dedicar a eso, pero que hay público para todo y que mucha gente lo ha agradecido. Hay muchos aspectos que pueden esgrimirse a favor y en contra de una exhibición como esta, pero no cabe duda de que hay personal para disfrutar con las cosas de la Defensa. Y si no es así, miren las cifras de las visitas a los barcos de la Armada, la gente que han disfrutado de las bandas de música o del material expuesto que han podido ver y tocar todos esos artilugios que vemos en el cine y en la televisión.
Luego está lo de la recepción y lo del agasajo, previsto para unos pocos que pudieron hacerse una foto con unos y con otros. Sin embargo, eso lo dejo al libre albedrío. También quiero hablar de la Conferencia de Presidentes que se celebró el viernes y que no dejó ningún acuerdo. Eso, a pesar de que podían haber hablado de financiación, de viviendas o de inmigración, pero lo sirvió de titular al día siguiente fue los de los pinganillos y los desplantes. Fue una conferencia marcada por los comportamientos que vemos cada día en el Congreso de los Diputados, los enfrentamientos entre personas y los monólogos sin respuestas. Hubo llamamientos para la convocatoria de elecciones, pero ninguna medida que fuera a favor de una ciudadanía que está escasa de líderes que quieran hacer algo por ellos. No tenemos casas en las que vivir, ni de alquiler ni en venta, pero ellos y ellas no hablaron de ello, prefirieron hacerlo de asuntos en los que tuvieran más protagonismo sus ideas que su puesta en práctica. Y claro, así nos va.
Les ofrecieron un plan de viviendas y optaron por hablar de otras cosas. El día en el que se confirmaba que el precio del alquiler superaba todas las expectativas habidas, que el de compra destaca como las peores estadísticas y que, lo malo, es que no hay casas para todo el que la necesita. Todo se ha incrementado casi al doble, pero el sueldo sigue siendo escaso, y lo único que hablan es de hacer algunas cosas, de palabra, porque lo que es ponerse manos a la obra, ninguno abre la boca. Nuestro Gobierno Autónomo, en el departamento que dirige Pablo Rodríguez, solo habla de proyectos o de planes, pero nada de uno que ya se esté ejecutando. Se tiran los ladrillos a la cabeza, pero los ciudadanos seguimos esperando por soluciones que nos saquen de este enredo.
Y quiero referirme a lo de ayer en Madrid y a la convocatoria del PP que bajo el lema de “mafia o democracia” llevó a "más de 100.000 personas", según los populares, y entre 45.000 y 50.000 ciudadanos, según la Delegación del Gobierno hasta la Plaza de España en la capital del Reino y que suponía para Núñez Feijóo consolidar un discurso de choque frontal, a menos de un mes del congreso de su partido. Fueron más aplaudidas las intervenciones de Almeida y la de Ayuso que la del propio presidente del PP. Teníamos las declaraciones de la lideresa del PP en Madrid, que propugna un voto por militante, en contra del propio Feijóo, que planea suprimir la participación directa de los militantes en la elección del liderazgo del partido. Una controversia que traerá cola en las próximas semanas y al que el PSOE sacará todo el provecho necesario. ¿Fue un gatillazo? ¿Se puede utilizar la palabra mafia para referirse a un gobierno? Estas son solo las muestras de lo que fue una concentración en Madrid y de las consecuencias que ello puede traer. Si Díaz Ayuso rechazó los besos de una ministra porque la había llamado en una tribuna de oradores asesina, ¿qué hará Pedro Sánchez, al que han llamado capo mafioso y que la Moncloa sirve de casa para hacer sus negocios a la familia Sánchez? ¿Hay menos libertad hoy que hace nueve años? ¿Y de quién es la culpa?
Son cosas para meditar, pero que no se nos caiga de la cabeza, que los que están en los cargos públicos cobran todos los días, incluidos los de las declaraciones para que sigamos nosotros discutiendo sobre quién está en lo cierto.
























