Punto y final. Once años y nueve meses después, el Heliodoro se despedirá del fútbol profesional. Desde que, el 25 de agosto de 2013, el Tenerife volviese a acoger, en feudo propio, un partido de Segunda División, después de dos años en el pozo de la antigua Segunda 'B', recibiendo al Hércules (0-0), el recinto futbolistico santacrucero volverá a acoger partidos de la tercera categoría.
Casi doce años en los que, salvo dos playoff de ascenso, en 2017 y 2022, donde el Tenerife se quedó a uno y dos goles de ascender a Primera, la realidad del club ha sido la de deambular por las cloacas de la categoría de plata. Y es que, salvo en esas dos excepciones donde se logró hacer soñar con el quinto ascenso a Primera, en las otras diez campañas el equipo siempre ha terminado por debajo de la novena posición.
Una trayectoria que dista mucho de la de un club estable y aspirante, repleta de erráticos proyectos. Los números hablan por sí solos: Trece entrenadores, seis directores deportivos, tres presidentes y la friolera de hasta 144 fichajes. Todo, para no pasar del décimo puesto en diez de los doce años que ha durado la estadía de la entidad en Segunda División.
























