Aunque no lo sea aún el descenso, lo que sí se hizo oficial en Málaga es que al Tenerife le sobrarán tres meses de Liga. En la peor temporada de la historia del club en el fútbol profesional, la derrota de La Rosaleda terminó por enterrar las pírricas opciones -si es que las había- de lograr el milagro de la permanencia.
A catorce jornadas del final, llega lo peor de un equipo en el estado de descomposición en el que se encuentra la entidad. Sufrir tres meses de competición sin ningún aliciente, con un grupo de futbolistas pensando en su futuro que estará lejos del Tenerife salvo casos muy puntuales, con la incertidumbre absoluta derivada de la situación institucional y económica, sin conocer qué ocurrirá con un club centenario que firmará el quinto descenso de su historia a categoría semi-profesional.
En medio de todo esto, lo más probable es que el Heliodoro se convierta en un reducto de indiferencia, justo en el año en el que el club batió el récord histórico de abonados (15.500) en Segunda División, y que acabarán, al menos la mayoría, decidiendo abandonar su asiento ante la triste realidad que queda por delante. Al menos, hasta verano, serán meses muy largos.
























