En Canarias ha crecido la población un 30% en los últimos 23 años, mientras que en la isla de Tenerife está aumentando a un ritmo de 12.000 personas al año.
Para hacernos una idea gráfica de lo que supone, Tegueste tiene unos 12.000 habitantes , por lo que el crecimiento que experimentamos equivale a instaurar en la isla un Tegueste cada año.
Por otra parte, el número de camas de hoteles y apartamentos ha disminuido debido a la residencialización de complejos de apartamentos turísticos. Por contra , en los últimos 10 años se han dado de alta en Tenerife 60.000 camas vacacionales, lo que equivale a 120 nuevos hoteles de 250 habitaciones.
Estas se encuentran de media al 75% de ocupación lo que supondría un aumento de población de unos 45.000 habitantes. Además, se corresponden aproximadamente con 20.000 viviendas que se han retirado del mercado residencial.
Por otra parte, en los últimos años no se ha construido vivienda pública, a pesar de las enormes posibilidades de financiación con fondos europeos y la brillante marcha de las corporaciones locales. El Gobierno de Canarias no ejecutó en el pasado ejercicio mil millones de euros, además de obtener un importantísimo superávit en la recaudación de IGIC.
En cuanto a la iniciativa privada, la construcción de viviendas ha sido mínima por la escasez y carestía del suelo clasificado al haber abandonado Gestur su política urbanizadora y las enormes dificultades de obtención de licencias, de media, como mínimo, unos tres años en algunos Ayuntamientos.
Tenemos identificado el primer problema que sufre la Isla, el déficit y carestía de la vivienda. Algo que unido a la falta de infraestructuras sociales y básicas nos conducen a la tormenta perfecta.
En Tenerife no se están construyendo suficientes infraestructuras acordes al crecimiento que se está experimentando. Hospitales , residencias de mayores, centros de día, infraestructuras eléctricas, aeroportuarias y marítimas... son algunas de ellas.
También hay un problema con el ciclo integral del agua. Tenemos un notable vertido de aguas negras al volcán y al mar. Unas aguas que, depuradas, resolverían las necesidades del campo. No hay que olvidar que el usuario paga su depuración, por lo que podrían volver a la agricultura prácticamente gratis.
Firmado: José Fernando Cabrera, ex presidente de Ashotel y presidente del Fast.
























