El Tenerife parece haberse abonado a un mercado que, si sale bien, acaba por convertirse en un nicho de futbolistas ‘low cost’ pero de alto rendimiento y rentabilidad.
Los fichajes de Salvi Carrasco, Yanis Senhadji y los próximos en anunciar como los de Juande o Youssuf Diarra, todos procedentes de Primera o Segunda RFEF, responden a sendas apuestas, con diferentes argumentos, que, en el club insular, ya han salido bien en temporadas anteriores.
Y es que, más allá de tener claro que también supone un riesgo, lo cierto es que existen ejemplos que apuntalan la decisión de la entidad de mirar hacia abajo para firmar jugadores interesantes con un precio ‘asequible’.
Los más recientes, los Corredera o Luismi Cruz, hombres que habían destacado en Primera RFEF pero sin experiencia en el fútbol profesional. Pero conviene recordar que futbolistas capitales, en su día, como Luis Milla o Germán Sánchez también llegaron de la extinta Segunda ‘B’, siendo desconocidos para la mayoría del público.
Tampoco hay que olvidar que Loïc Williams, llamado a ser presente y futuro de la defensa insular, apareció por sorpresa desde Segunda RFEF para ganarse un sitio entre los profesionales.
Por si fuera poco, Aitor Sanz también llegó a Tenerife desde la tercera categoría del balompié nacional, y con apenas dos decenas de partidos de experiencia en Segunda División, tres años antes de firmar por los blanquiazules.
Con todo, podría decirse que, aunque obviamente también hay casos de fracaso estrepitoso en estas apuestas, lo cierto es que el Tenerife ha sido capaz de sacarle rédito a un mercado que, si se estudia bien, puede acabar siendo una verdadera ganga.























