La campaña 23-24 arrancó con un verano jamás visto en el entorno del Tenerife, al menos previo a un concurso en Segunda División. Y es que, casi sin esfuerzo, aunque sí con la lógica inercia derivada del cambio de gestión y ante el primer proyecto iniciado desde cero por los nuevos dirigentes, el aficionado blanquiazul decidió apoyar, como nunca antes en la categoría de plata, abonándose en masa y batiendo el récord histórico de pases de temporada vendidos en Segunda (15.500).
Esto hizo que, sin hacer nada, e incluso tras una pretemporada algo decepcionante en juego y resultados, un 14 de agosto, en pleno puente del día de la Candelaria, y en la primera jornada de Liga, la visita del Real Oviedo metiese a 16.000 personas en un estadio que disfrutó del primer triunfo liguero.
Pero esas cifras de afluencia de público se quedaron cortas en las siguientes semanas, cuando, por ejemplo, en la tercera semana de competición, y tras dos victorias en las dos anteriores, casi 19.000 espectadores acudieron a la Calle San Sebastián y salieron contentas a pesar del 0-1. La inercia positiva se mantuvo ante Albacete (más de 17.000), y Espanyol (18.229), y, sólo un duelo intersemanal ante el Racing frenó el aumento de fieles en el estadio (14.773).
Otra vez por encima de los 18.000, el Tenerife alcanzó su clímax, en forma de liderato, venciendo al Burgos a mediados de octubre. Luego empezaría una racha de varias semanas sin perder que darían con los huesos del equipo en una caída libre, pero, por el camino, el Heliodoro se resistió a abandonar, toda vez que casi 20.000 personas presenciaron un empate a cero ante el Levante donde los chicharreros fueron muy superiores.
El primer aviso del birria llegó en diciembre, cuando se bajó de 14.000 aficionados por primera vez, y con el lógico tirón del derbi copero, en Liga, el Elche y el Sporting ganaron en el Heliodoro ante 17.000 y 16.000 personas, respectivamente.
Ahí fue donde comenzó la desafección. Andorra y Eldense no lograron meter más de 14.000 fieles en la capital, y, desde febrero, sólo el Éibar (15.170) sobrepasó la cifra de 13.000 en un estadio que tocó fondo esta temporada en el choque ante el Amorebieta, donde poco más de 10.000 tinerfeñistas sufrieron el esperpento del triunfo de los vascos en Santa Cruz.
Así las cosas, habrá que ver cuál es la cifra de abonados que inicia la próxima temporada, pero lo cierto es que el juego, los resultados y la enorme decepción derivada de los hechos de los últimos meses, con un Garitano muy discutido por la grada, han acabado por echar del estadio a miles de aficionados.
























