Algo está cambiando en el Tenerife, y, aunque no haya sido sinónimo de éxito deportivo, lo cierto es que parece que la estabilidad ha llegado al banquillo del Heliodoro. La marcha de Asier Garitano, tras finalizar su contrato, el próximo 30 de junio, abrirá la puerta a un nuevo entrenador que, posiblemente, llegue a la isla algo más tranquilo de lo que lo hacían sus colegas de profesión hasta hace apenas cuatro años.
Y es que, tras varias temporadas convulsas en las que hasta diez técnicos pasaron por el primer equipo, entre 2015 y 2020, parece que, desde entonces, en las oficinas del Heliodoro se ha instalado la paciencia. Precisamente en aquel lustro que se inició con la destitución de Álvaro Cervera (enero de 2015), la inestabilidad fue la tónica predominante.
Tras el ecuato-guineano, Raúl Agné salvó al equipo y se ganó el derecho a iniciar una campaña 2015-2016 en la que, el aragonés, no duró apenas tres meses. Martí pareció volver a frenar la sangría de directores técnicos, playoff de ascenso incluido, desde noviembre de 2015, durante más de dos años, pero en la 2017-2018, el balear no pasó del mes de febrero.
Fue entonces cuando Etxeberría tomó el mando pero no le dio para meter a aquel rutilante Tenerife de los Longo, Juan Villar, Malbasic y compañía en playoff. El vasco arrancó la 18-19, pero aquella temporada fue un desastre. A la quinta jornada regresó Oltra, que acabaría cesado en mayo para dar paso a la solución de emergencia que lideró Luis César Sampedro.
En junio de 2019, López Garai parecía ser capaz de darle un giro de timón a la historia, pero, de nuevo, no pasó del mes de noviembre. A partir de ahí, Sesé Rivero y Rubén Baraja completaron la Liga de la pandemia.
Tras la marcha de Baraja, otra joven apuesta: Fran Fernández. Pero la sombra del descenso volvió a planear en noviembre de 2020 y Miguel Concepción se 'cargó' a su décimo entrenador en casi seis años, siendo este el último cese de un entrenador hasta la fecha en el club.
Desde entonces, Ramis y Garitano han completado las últimas cuatro temporadas sin pasar por la guillotina, a pesar de que, sobre todo en el caso del guipuzcoano, la presión de los resultados y el entorno pudieron forzar su despido.
























