Corren tiempos de cambio en el CD Tenerife. Primero fue en el entramado accionarial, luego, en la Presidencia y el Consejo, después, en la estructura deportiva (consejero, director deportivo y entrenador) y, finalmente el cisma se ha producido en la base.
Curiosamente, Sesé Rivero, el profesional más criticado (víctima voluntaria por su longevidad en el cargo) por el entorno tinerfeñista, y sobre cuya responsabilidad pesaban los crónicos malos resultados de la cadena de filiales, la escasa producción de talento para el primer equipo y los errores históricos y sangrantes de Pedri González y Alberto Moleiro, fue el último en sucumbir a la criba de José Miguel Garrido.
Llegó a parecer, incluso, que el director de la base saldría airoso de la intensa transformación que ha experimentado el representativo desde la salida de Miguel Concepción del Club. Pero no fue así.
El 18 de mayo, el Tenerife anunció formalmente la contratación de Jony Vega como "responsable de captación del área de fútbol base". El hombre que, según cuentan sus admiradores, "descubrió a Pedri". Y aunque, según lo anunciado inicialmente, las responsabilidades de Vega no debían entrar en conflicto con las de Sesé, las primeras declaraciones del lagunero y los inputs que llegababan desde dentro dibujaron otro escenario. La realidad es que Vega asumió el mando y Rivero se vio desplazado y, además señalado mediáticamente.
Es más, según explicó Paulino Rivero en declaraciones a Radio MARCA Tenerife, el director de la base mantenía su cargo, pero sus nuevas funciones estaban relacionadas con la gestión y el mantenimiento de la Ciudad Deportiva. Como si un jefe de cocina hiciera de relaciones públicas captando clientes en la puerta del establecimiento. Algo no cuadraba.
Así pues, las funciones que se le presuponían a Sesé se han visto reducidas casi a cero. Llegando a ejercer un cargo, y un poder, más estético que efectivo.
De hecho, el portuense, que podría haber intervenido en la elección de varios de los entrenadores que ejercerán en la cadena de filiales el próximo curso (sobre alguno de los que llegan o diversas renovaciones no se tuvo en cuenta su criterio), ha preferido dar un paso a un lado.
Quizá porque esté molesto al considerar que ha sido injustamente tratado, quizá porque prefiera evitar conflictos debidos a disparidad de opiniones, quizá porque se ha resignado a su nuevo rol, o quizá, simplemente, porque entiende que 'ese marrón' se lo deben comer otros. Los que mandan de verdad.
Entretando, Jony Vega, el nuevo jefe, ha tenido que adelantar un trabajo que tenía previsto para más adelante. Con la complicidad de Suso Santana, Ricardo León y Juan Guerrero, el baile de nombres y banquillos de la cadena de filiales (incluidos los equipos de la Fundación) está bien encaminado y casi cerrado.
Destaca la salida del club de Chema, exentrenador del Tenerife C y recientemente ayudante de Mazinho y la llegada de Suso al Juvenil, que, aunque no esté confirmada, se da por casi definitiva desde hace algunas semanas.
Pendiente queda, por ejemplo, el regreso, como técnicos, de algunos exfutbolistas blanquiazules a los que ha sondeado el Club.
A Vega le queda mucho camino por recorrer y el éxito, o el fracaso, de su proyecto tardará años en empezar a hacerse palpable, pero una cosa está clara. La revolución ha empezado.
























