El fichaje de Leandro Bolmaro ha sido el gran bombazo del mercado de invierno en el baloncesto español. El argentino, ex NBA, y por el que pujó el Barça para devolverlo al gigante catalán, eso sí, sin opciones de jugar Euroliga al haber cerrado el mercado de la competición europea, se decantó por un proyecto que, en el último mes, ha dado un puñetazo en la mesa deportivo y social.

Y es que, tras alcanzar la final de Copa y demostrarle a España que el CB Canarias quiere su sitio entre los mejores por derecho propio, el golpe de efecto del fichaje de un hombre absolutamente diferencial en el baloncesto europeo confirma al proyecto de los tinerfeños como uno de los más atractivos, más allá del aspecto económico.

Y es que no es casualidad que Huertas o Bolmaro, figuras de un baloncesto estratosférico, muy lejos de lo que nadie podía imaginar en la isla hace muy pocos años, se decanten por firmar en la isla. Cierto es, que el periplo del argentino en el club, posiblemente, sea cortoplacista, pero no es casual que decida aterrizar en un club familiar, lejos de los presupuestos poderosos y rutilantes plantillas del basket nacional.

El crecimiento imparable, la seriedad, el entorno familiar y cercano, unidos al ambientazo que logra reunir en su cancha el Lenovo Tenerife cada vez que juega en La Laguna, son ingredientes que se imponen, en ocasiones, al encanto de otros transatlánticos. Si no, que se lo pregunten al Barça.

Para empezar, la plantilla canarista logra un refuerzo de mucha calidad que le da un plus de cara a un final de temporada donde vuelve a ser el claro favorito para revalidar la Champions y que, en España, la convierten en una alternativa temible a los dos favoritos de siempre.

 

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