El debut del Tenerife 22-23 en el Heliodoro no tuvo el final deseado. La expulsión de Alex Corredera, a la hora de juego, acabó con las fuerzas de un equipo, el blanquiazul, que había sido abismalmente superior a su rival, que encontró en Walley, su portero, a su mejor futbolista para evitar lo que podría haber sido una goleada. Pero, con 10, los de Ramis terminaron por claudicar a pesar de que el Lugo también acabó con uno menos. Pero ya era tarde.

El Tenerife mandó en la primera parte. Su rival, agazapado, tímido y limitándose a contener las acometidas de una banda izquierda eléctrica e intimidante con Nacho y Dauda, además de un Shashoua que dio motivos para la esperanza, tuvo muchos problemas para evitar las ocasiones de un equipo, el de Ramis, que llegó a ser un vendaval por momentos.

Con Shashoua en plan estelar, la primera gran ocasión la firmó un Gallego desacertado, que, tras un gran servicio de Nacho, y con todo a favor, la envió fuera desde la frontal del área pequeña.

Después, el meta del Lugo, Walley, tuvo que lucirse para evitar el primero del propio Shashoua, que finalizó una gran jugada coral de los locales, que volcaban por la izquierda todo el peligro ante la ausencia de peligro de Mellot y Corredera en el flanco diestro.

Por el camino, y con el famoso cántaro de agua a punto de romperse, llegó el merecido primer tanto del partido. En una jugada repleta de rebotes, José Ángel se sacó un disparo seco y raso, con el empeine, para finalizar tanto rechace.

El gol asentó al Tenerife, que, sin ningún tipo de peligro visitante, salvo una falta que sacó bien Soriano, llegó al descanso cerca de hacer el segundo, pero, otra vez Walley, evitó el tanto de Mellot.

Pero la historia cambiaría radicalmente en la segunda mitad. Justo después de que Walley volviese a evitar otro gol chicharrero, Corredera se autoexpulsó tras una entrada a destiempo y peligrosa.

El guión cambió. El Lugo tuvo la pelota y el Tenerife las dudas. Por el camino, y tras una falta inexistente, los gallegos empataron en una jugada a balón parado en la que Carlos Ruiz permitió el empate de Alberto Rodríguez.

Pero, cuando más dudas había, y a 12 minutos del final, el propio Alberto se apuntó al club de las auto expulsiones, tras una entrada en la que hizo daño, y mucho, a Dauda, que tuvo que marcharse lesionado.

Igualados en número, los locales asumieron el mando de la recta final, ante un Lugo conformadisimo con el empate que logró aguantar un valioso punto impensable hasta la expulsión de Corredera.

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