Ya lo dijo Aitor Sanz en el regreso al trabajo tras las vacaciones: "La categoría este año va a ser mucho más dura". Y todo indica que el capitán tendrá toda la razón. El Tenerife, finalista del playoff tras una brillante campaña, tendrá competidores bastante más duros de cara a la campaña que está a punto de comenzar.
A pesar del ascenso de dos poderosos, económicamente hablando, como Almería y Valladolid, además del Girona, la Segunda División 22-23 contará con equipos muy bien armados, varios de ellos heridos en su orgullo tras una campaña decepcionante.
A los tres descendidos de Primera, Alavés, Levante y Granada, que serán los 'ricos' de la competición tras recibir la ayuda por el descenso, y cuyos topes salariales podrían superar ampliamente los 20 millones de euros, hay que añadirle equipos que se quedaron muy cerca de ascender y no lo lograron, y que volverán a tener poder económico suficiente como para aspirar a todo, como son Las Palmas y Éibar.
A partir de ahí, inversiones potentes como las de Leganés y Málaga, que están montando proyectos ambiciosos, además de otros clubes que, tras decepcionar, también piensan en juntar una plantilla poderosa, como Zaragoza o Huesca, o el propio Cartagena, que también ha animado las primeras semanas de mercado.
En medio de todos, aparece un Tenerife que, tras haber 'molestado' a los favoritos, la pasada temporada, tiene cartel de aspirante, aunque su capacidad económica esté por debajo. La habilidad de Cordero para manejarse en un ecosistema plagado de depredadores será clave para que Ramis cuente con un equipo capaz de repetir aspiraciones recientes.























