El 19 de junio pasará a la historia negra del Tenerife por haber supuesto uno de los palos más duros jamás vividos por el tinerfeñismo. El Girona asaltó el Heliodoro y firmó un centenariazo doloroso como pocos. Los de Ramis nunca estuvieron cómodos en un partido en el que los catalanes siempre supieron plantear y jugar sus cartas. Carlos Ruso igualó el gol de Stuani y, cuando todo parecía a favor, un autogol de León y otro de Arnau terminaron de sumir al Tenerife, y a 22.000 almas que abarrotaron el Heliodoro, en una de las mayores depresiones deportivas jamás vistas en el coliseo blanquiazul.
La primera parte cumplió un guión muy parecido al choque de la ida. Los de Michel con la pelota ante un Tenerife impreciso e incómodo. Por el camino, los catalanes sacrificaban toque y posesión para mirar área contraria de forma más directa.
Cierto es que no generaban peligro los gerundenses, pero sí pisaban demasiado el área local. Apareció Soriano en dos ocasiones, sobre todo tras un obús de Aleix Garcia, para volar y sacar una pelota que se colaba por la escuadra.
Hasta la media hora no tiró el Tenerife a puerta. Mario disparó raso pero paró bien Juan Carlos. Ahí llegaron los discretos mejores minutos de los insulares, pero pronto llegaría el mazazo. Sergio González sacó la mano a pasear para bloquear, dentro del área, un disparo de Baena. Penalti. Stuani se encargó del resto.
El guión ya había cambiado y ahora el Tenerife iba a tener que hacer algo que no se le daba bien: Llevar la iniciativa y buscar un gol.
Pero Ramis tenía un as en la manga. Carlos Ruiz, con el puro corazón, la casta, compromiso y entrega necesarios en estas citas, sustituyó a Sergio González tras el descanso, y eso iba a ser clave en los primeros compases de reanudación.
Míchel le dio la pelota al Tenerife, sabedor de que ese rol no es el favorito de los blanquiazules, y empezó a defenderse. No creaba peligro el cuadro local hasta que León cabeceó alto en el preludio del estallido.
Cerca de la hora de partido, apareció Corredera para meter un centro exquisito que cabeceó, en el segundo palo, Carlos Ruiz. Tembló el Heliodoro.
Pero, cuando todo parecía estar a favor, la fortuna se alió con los catalanes. Baena metió un centro que tocó en el pecho de León y se coló en la meta de Soriano.
Ahí se empezó a apagar la ilusión tinerfeñista. Tras el 1-2, además, hubo lanzamiento de objetos a Baena, que mandó a callar a la grada tras el tanto visitante.
Fue el preludio del 1-3, que terminó de convertir al estadio en un duelo demasiado cruel. Arnau aprovechó una falta de concentración local para ajusticiar a un Tenerife al que el golpe terminó de noquearlo.
Ficha técnica:
CD Tenerife: Soriano; Moore, Sergio González (Carlos Ruiz, m.46), José León, Mellot (Alex Muñoz, m.77); Mollejo, Alexander (Andrés, m.81), Aitor Sanz, Bermejo (Elady, m.64); Mario González (Shashoua, m.64) y Enric Gallego.
Girona: Juan Carlos; Arnau (Jairo, m.90), Santi Bueno, Bernardo, Juanpe, Valery; Aleix García, Pol Lozano, Iván Martín (Samu Saiz, m.18) (Víctor Sánchez, m.84); Alex Baena (Terrats, m.90) y Stuani(Bustos, m.84).
Goles: 0-1, M.41: Stuani, de penalti. 1-1, M.59: Carlos Ruiz. 1-2, M.68: José León, en propia puerta. 1-3, M.80: Arnau.
Árbitro: Dámaso Arsediano Monescillo (Comité Castilla-La Mancha). Amonestó a los locales Alex Corredera (m.13), Enric Gallego (m.31) y Sergio González (m.41), y por parte visitante a Juanpe (m.31), Alex Baena (m.68) y Aleix García (m.89).
Incidencias: Partido de vuelta de la final del playoff de ascenso a Primera, disputado en el estadio Heliodoro Rodríguez López ante 22.083 espectadores.





















