Pocas veces dos futbolistas foráneos han dejado tanta huella en el Tenerife y en la isla. Nadie se imaginaba que, allá por el verano de 2013, cuando Quique Medina apostó por dos futbolistas desconocidos para el tinerfeñismo, pero repletos de carácter y compromiso, Aitor Sanz y Carlos Ruiz iban a convertirse en emblemas del club.
Líderes fuera y dentro del campo desde el primer día, el madrileño y el granadino encarnan, a la perfección, los valores y el arraigo necesarios para calar hondo en el aficionado, y, por supuesto, en el club.
Ahora, y tras perder dos playoff de ascenso a Primera, con lo que ello supone para dos hombres tan comprometidos con la causa, y cuando, desde hace más de dos años, muchos no daban un duro por la continuidad de ambos por diferentes razones, el Tenerife tiene claro que, tanto el centrocampista como el defensor, son válidos para un nuevo proyecto en segunda. Por lo que aportan dentro y fuera del campo.
Ambos terminan contrato el próximo 30 de junio, y ya saben que las intenciones de Juan Carlos Cordero son que sigan en el equipo. Ahora depende de ellos.
Capitanes sobre el verde y en el vestuario. Portadores de lo que significa llevar el escudo del Tenerife en el pecho. Madrileño y Granadino, pero también chicharreros de pura cepa.























