"Necesitamos mejorar", así de claro de mostró Rubén Baraja en la rueda de prensa post partido. El Tenerife realizó probablemente su peor encuentro de 2020 y uno de los peores desde que el técnico vallisoletano aterrizó en la Isla. Lejos quedó la imagen de un equipo vertical y sólido que se convirtió en unos de los conjuntos más en forma de la categoría antes del confinamiento. Ayer todo lo contrario, se vio a un Tenerife lento, impreciso y sin fluidez. Los tinerfeños tuvieron el dominio del juego, pero no generaron ocasiones claras frente a un rival muy bien ordenado que aprovechó la única ocasión que tuvo.
Sorprendió Baraja desde el inicio renunciando al 1-4-4-2 y al doble lateral que tan bien había funcionado meses atrás. Con tres centrocampistas el Tenerife manejó el balón a su antojo (64 % de posesión), pero careció de profundidad. El Fuenlabrada se sentía cómodo en ese esquema de partido. Los cambios no ayudaron a mejorar la imagen en la segunda parte y los tinerfeños terminaron el partido con un solo tiro a puerta.
El Fuenlabrada llegaba a la cita con un nuevo entrenador, Sandoval, y una racha de 13 jornadas sin ganar. Los madrileños mostraron un exquisito orden defensivo y Gassama mandó a la jaula la única oportunidad que tuvieron tras un error de la zaga tinerfeña. Quizá demasiado premio, pero los tres puntos se quedaron en Madrid. De nuevo el fantasma de "resucitamuertos" vuelve a aparecerse a los canarios.
El lunes ante el Málaga en el Rodríguez López los de Baraja tienen la ocasión de mejorar la mala imagen ofrecida y de volver a la senda del triunfo para evitar sustos. El choque se antoja vital porque otro tropiezo podría hacer saltar todas las alarmas y poner la zona roja muy cerca.
























