El estreno de Sesé Rivero en el banquillo tuvo un final idílico. Triunfo 0-2 en un partido cuya primera parte fue un auténtico esperpento, pero que, tras el asueto, cambió por completo.
Una segunda parte en la que los chicharreros enmendaron todo lo que habían hecho mal en la primera manga. Y que empezó con el Tenerife teniendo la personalidad que había faltado.
Todo cimentado tras el descanso. Un tiempo de descanso en el que, en el vestuario tinerfeño, hubo una consigna que hizo que los futbolistas le cambiasen la cara al equipo.























