El Club Deportivo Tenerife dejó una triste imagen en el último partido que disputó, frente al Córdoba Club de Fútbol, en el Heliodoro Rodríguez López. El equipo dirigido por José Luis Oltra nunca se sintió cómodo en el terreno de juego y en nada se pareció al equipo que venía dejando buenas sensaciones en pasadas semanas. Los propios datos del partido hablan a las claras de cómo fue el transcurrir del juego.

El equipo blanquiazul monopolizó la posesión del balón con un 59%. Un dominio estéril del partido, pues se repartió la mayor parte en pases nada trascendentes en la línea defensiva y que no suponían peligro alguno. Una vez pasado el centro del campo, el conjunto isleño no tuvo las ideas claras. De los 13 remates que intentó, solo dos, uno en cada mitad, fueron sobre la portería defendida por Marcos Lavín: un remate de cabeza de Uros Racic, en el minuto 25, que iba centrado y a las manos del portero visitante; y la ocasión de Borja Lasso, nada más reanudarse partido en la segunda parte, que obligó a esforzarse un poco más a Lavín. El Córdoba, sin tanto balón en los pies, logró poner en apuros a Dani Hernández, con cinco remates a la portería local, dos de los cuales terminaron en el fondo de las mallas.

Otro de los datos destacados, esta vez, porque demuestra la ansiedad con la que terminó el partido, es el número de tarjetas. El Tenerife, habiendo hecho una falta menos que su rival, fue sancionado con seis tarjetas amarillas, algunas de ellas, fruto de la frustración, como la que vio el capitán Suso Santana en el último minuto del partido. La impotencia que sentía el equipo, tras un mal partido, se hizo palpable en este aspecto.

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