Hasta en las formas y el momento de su salida la historia de Alfonso Serrano en el Tenerife es la historia de un desbarajuste. El secretario técnico del club blanquiazul se marcha justo cuando se esperaba de él un último servicio en el mercado de invierno, destinado a apuntalar una plantilla que este curso ha salido claramente torcida. Los resultados no engañan, y cierto es que seis temporadas y media, en dos etapas, dan para mucho. La relación de fichajes promovidos o tutelados por el vallisoletano es larga, 77 contrataciones y muy pocos aciertos, con más de una propuesta exótica para animar el decorado. El saldo, sin resultar catastrófico, es sin embargo deficiente, aunque no se puede atribuir a un director deportivo los errores cometidos en otras esferas del club, sean estos el banquillo u otros despachos de jerarquía.
Si nos ceñimos a lo más reciente, los dos últimos disparos de Serrano en el Tenerife resultaron claramente fallidos, aunque como en todo hay que establecer categorías. Personalmente considero que en la pasada temporada falló más el entrenador que el secretario técnico, porque Pep Martí sí tenía una plantilla capacitada para pelear por el ascenso a Primera División, venía con el viento de cola de la campaña anterior y lo tiró por la borda con un inicio de Liga lamentable y una gestión errónea de los recursos disponibles, que eran bastantes. Lo de esta temporada ya es otro cantar, por mucho que Serrano atribuyera a la plantilla hoy bajo las órdenes de Oltra capacidades que simplemente no tiene. La sustitución de Juan Villar, Longo y Mula ha sido la perdición del director deportivo, porque fichajes como Nano y Naranjo están lejos, lejísimos, de justificar el esfuerzo realizado en su contratación. El cese de Joseba Etxeberria puede ser considerado como el canto del cisne para un Serrano que ahora adelanta su finiquito y deja no solo un sabor amargo en su salida, sino un vacío relevante de cara a las próximas semanas, en las que el Tenerife buscará remedio a sus males del presente, un par de fichajes para salir de la depresión. Lo dicho, un desbarajuste total.























