Las temporadas en las que el CD Tenerife no funciona las solemos incluir en el catálogo de cursos con suspenso para el deporte de la isla. Lo hacemos en la certeza de que la dimensión del fútbol profesional es demasiado grande como para no tenerla en cuenta, y al hacerlo quizá olvidamos que hay otros frentes competitivos en los que las cosas van mucho mejor o incluso bien. Es este el caso del baloncesto con un Iberostar Tenerife que ya no sorprende por su fiereza competitiva en las dos competiciones que disputa, la Liga Endesa y la Basketball Champions League. El sábado pasado dio una nueva lección de solvencia ganando el derbi del baloncesto canario ante el Herbalife Gran Canaria, que el curso anterior obtuvo ese éxito increíble de clasificarse para la Euroliga, pero que está pagando esa osadía con los malos resultados derivados de disputar dos competiciones de altísima exigencia. Y el Iberostar, aunque también ha pagado en la Liga el tributo de su condición de invicto en Europa, lo tiene más fácil porque no hay color entre el nivel de dificultad de una y otra competiciones continentales.
Observarán que hablamos sin dificultad de dos equipos canarios que juegan en la máxima categoría del baloncesto masculino profesional y además han accedido a los pabellones europeos. Todo eso, que sobre el papel lo consideraríamos un sueño, hemos llegado a tomarlo como algo normal. Y normal fue que el Iberostar Tenerife ganara el clásico del basket regional, porque ahora mismo es un equipo muy solvente, que tiene un poco de todo en su plantilla, que ha encontrado una mezcla muy interesante entre talento y físico y que tiene a un jugador, Tim Abromaitis, en absoluta plenitud profesional, que suma en todas las facetas del juego y se echa el equipo a la espalda en los momentos calientes. El equipo de Txus Vidorreta se ha instalado en la zona alta de la ACB pese a sus dos tropiezos caseros, y creo que de ahí ya no se va a mover. Esta temporada pinta pero que muy bien para los colores aurinegros.






















