Se quitó de encima el Tenerife esa maldición que le impedía sumar tres puntos de golpe en la Liga de Segunda División. Y lo hizo cuando más lo necesitaba, cuando el piloto de luz roja se había encendido en el seno de la entidad blanquiazul. Una vez agotado el primer comodín, el del relevo en el banquillo, la primera victoria de la mano de José Luis Oltra no podía tardar en llegar, so pena de convertir los problemas del equipo en un mal crónico con riesgo de extenderse durante toda la temporada. Fue un partido muy trabado, francamente poco vistoso, porque la situación de ambos equipos invitaba a ello. El Tenerife no está para grandes alardes, y en cuanto al rival del sábado, el Cádiz, tiene una filosofía de juego que tampoco invita a las exhibiciones ni al juego brillante.

Desde el principio quedó claro que aquello se lo llevaba aquel que marcara primero, y ese equipo fue el conjunto blanquiazul porque fue más astuto al aprovechar la segunda jugada derivada de un saque de esquina, esa receta universal que resuelve tantos partidos en los que el juego combinativo brilla por su ausencia. Sea como fuere, la pelota acabó en la línea de fondo para Suso, que encontró un ángulo de pase que Naranjo desperdició con un remate mordido, aunque esa pifia se convirtió en asistencia perfecta para que Nano Mesa convirtiera su primer gol de la temporada. De modo que en un minuto el Tenerife se encontró con dos noticias muy favorables, verse por delante en el marcador y liberar de ansiedad a uno de sus delanteros más cotizados, porque Nano necesitaba este gol como el comer, atribulado que anda el ariete con su flojo rendimiento en el primer tramo de la temporada. El equipo de Oltra fue astuto a la hora de administrar su renta, y esto tiene su mérito porque ahora mismo el once blanquiazul tiene que ir a lo práctico y sumar por encima de cualquier otra consideración. El próximo sábado, en Mallorca, otra prueba para un equipo que empieza a sonreír.

 

 

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