El tinerfeñismo se debate ante la tesitura de qué hacer con Alfonso Serrano, un director deportivo que parece ya amortizado en el club blanquiazul. Sus números no invitan a la felicitación, eso es cierto. Atendiendo a su trayectoria como máximo responsable de los fichajes del primer equipo, han sido más los fiascos que los aciertos en la trayectoria de un secretario técnico que nunca ha encontrado una conexión estable con la grada. Ya se sabe que el fútbol vive de resultados, y estos no han acompañado al Tenerife durante los últimos años, salvedad hecha de ese sueño fugaz de hace dos campañas, cuando de verdad el equipo pareció en condiciones de lograr el ascenso a Primera División y dejó escapar el gran momento en una nefasta primera mitad en Getafe.
El debate sobre la labor de Serrano se ha encendido desde entonces, porque el equipo ya no ha sido capaz de asomarse a esos puestos de privilegio. El curso pasado, con una plantilla potente, y este con unos recursos que en mi humilde opinión están bastante por debajo de lo que el propio Alfonso Serrano nos vendió. Creo que esta es en parte la condena del secretario técnico, que se refirió a esta plantilla, la del Tenerife actual, como capaz de pelear por el ascenso, cuando a estas alturas resulta ya evidente que está por debajo de la del curso anterior, sobre todo en la parcela ofensiva y goleadora, es decir, allí donde se decide la suerte de los partidos y las temporadas. Personalmente no tengo ni idea sobre si lo mejor para el Tenerife es que Serrano se marche al finalizar su contrato, es decir, en junio próximo, o si es necesario acelerar su salida para que otro director deportivo intente salvar los muebles en el mercado de invierno. Sí creo que los males del equipo no se van a resolver fulminando a nadie, ni tampoco con unos fichajes milagrosos que está por ver si tenemos dinero para abordar. El Tenerife ha entrado en una peligrosa dinámica: pensar que sus problemas se arreglan soltando lastre y echando a gente. Es una carta de dudosa eficacia que además se agota enseguida.























