La amplia derrota del Tenerife el pasado sábado en Mallorca hay que incorporarla a la relación de patinazos importantes. Ha sido un fallo importante e incluso preocupante. Hasta la fecha, incluso durante la ya finiquitada etapa de Joseba Etxeberria, el equipo blanquiazul siempre fue capaz de competir, de nivelar la contienda en el plano del esfuerzo y la intensidad.

El Tenerife que vimos el sábado fue de largo el más blando de la temporada. Y lo fue justo después de su primera victoria, lo cual es algo para hacérselo mirar. El Mallorca se llevó el partido precisamente porque tuvo más hambre, porque aun siendo un club con pedigrí en el fútbol español ha regresado del infierno de Segunda B con ganas de recuperar los oropeles perdidos.

Esa cualidad, el deseo por ir hacia delante y disputar cada pelota dividida, fue suficiente para desarbolar a un Tenerife desconocido, que hizo méritos para recibir los comentarios desabridos de su entrenador al final del encuentro. Hasta el tanto blanquiazul fue producto de un rechace de un defensa rival que embocó el cuero en propia meta.

El resto fue un ejercicio de impotencia arriba y fragilidad atrás, con dos futbolistas, Naranjo y Malbasic, señalados de nuevo, porque el andaluz y el serbio distan mucho de ser los delanteros decisivos que nos vendieron en el momento de su contratación. Malbasic ya ha agotado el escaso crédito que le quedaba ante la afición, y en cuanto a Naranjo sigue sumido en ese peligroso terreno de las presunciones sobre su capacidad, porque rendimiento, lo que se dice rendimiento, hemos visto muy poco.

Unan a eso el despiste con el que el equipo inició el encuentro y encontrarán las razones del fiasco en terreno balear, porque el 2-0 del descanso era no solo elocuente, sino definitivo dada la actitud del equipo. Y así fue.

Goleado por vez primera en la Liga, el Tenerife se asoma al peligro y está solamente un punto por encima de la zona de descenso. Esta es su realidad ahora mismo, y tenemos que asumir que va a costar mucho cambiarla. Porque del nombre no se vive en una competición como la Segunda División.

Publicidad