La selección española de fútbol perdió ayer su primer encuentro desde que es dirigida por Luis Enrique, un entrenador que sin duda ha sido capaz de transmitir su sello desde el primer día. Fue un partido vistoso y extraño ante Inglaterra, un rival que encontró el gol de modo fulminante en una primera mitad para olvidar, que dejó helada a la grada del Benito Villamarín de Sevilla. Los ingleses se comportaron con auténtico virtuosismo en el contragolpe, liderados por un Harry Kane que es ya, sin duda alguna, uno de los mejores delanteros centro del mundo. El ariete del Tottenham volvió locos a Ramos y Nacho para asistir a sus compañeros en una actuación inolvidable, propia de los futbolistas grandes de verdad. El 0-3 del descanso invitaba a pocas cosas, pero esta selección de Luis Enrique tiene la virtud de parecerse mucho a Luis Enrique, a lo que fue el asturiano como jugador y a lo que ha sido desde que inició su exitoso camino en los banquillos.

El seleccionador español puede gustar o ser detestado, pero nunca causa indiferencia. Sin duda su alegato en la caseta fue entendido por sus jugadores, que estuvieron a punto de darle la vuelta al partido con una actuación vibrante, que enardeció a la grada y dejó muy buen sabor de boca pese al resultado final, un 2-3 que deja en el aire la continuidad de España en ese acertado invento llamado Nations League, un astuto ardid de la UEFA para poner en valor los partidos amistosos de toda la vida. La selección española, con Luis Enrique, asume las actuales cualidades de nuestro fútbol, que ya no pasan tanto por la posesión exhaustiva del balón y el estilo que definió a la mejor generación de nuestra historia. Y como ya no tenemos a Xavi, Iniesta ni David Silva, sino a Saúl y Marco Asensio, España ha encontrado una alternativa válida en el juego directo y una competitividad feroz. No sabemos si dará para conquistar cetros europeos y mundiales, pero no hay duda de que Luis Enrique sabe lo que se trae entre manos.

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