Finalmente el Clásico del fútbol español supuso el adiós definitivo de Julen Lopetegui como entrenador del Real Madrid, sin que fuera posible esa redención de última hora al amparo de un partido que deja graves secuelas en el club merengue. Es el pecado de la grandeza, que exige siempre estar al máximo nivel porque el pasado no existe, ni siquiera el reciente. Este Real Madrid, triple ganador de la Liga Campeones de forma consecutiva, se encuentra ahora sumido en una crisis institucional con efectos destructivos, resultado de las malas decisiones recientes y de cierta arrogancia institucional, porque fue un gran error pensar que la baja de Cristiano Ronaldo podía ser suplida así como así, tirando de la plantilla ya existente por muchos nombres ilustres que formaran parte de la misma. Ocurre sin embargo que el portugués es el futbolista más importante en la historia de la entidad, tanto por su rendimiento deportivo como por la acumulación de éxitos que garantiza por su contundencia y competitividad.

A un deportista de semejante impacto solo se le puede relevar doblando la apuesta, es decir, fichando no a uno sino a varios astros de verdadero relieve mundial. Lo que hizo en cambio el Real Madrid fue confiar en lo que ya tenía en casa, creyendo, por ejemplo, que el autoengaño de considerar a Marco Asensio como un futbolista maduro para pelear por el Balón de Oro era algo más que un truco publicitario. La Liga española se ha desnivelado porque el Real Madrid ha perdido a Cristiano y el Barcelona sigue contando con Messi, y esto curiosamente ha quedado claro en el primer Clásico del curso en ausencia del argentino, que estaba lesionado pero allí, en la grada, insuflando a sus compañeros un deseo competitivo que los llevó a la goleada. El resultado de todo ello es el despido de un entrenador que en cuatro meses ha perdido primero el puesto de seleccionador español en vísperas de un Mundial y después el cargo de técnico blanco. Le va a resultar complicado a Lopetegui enderezar su rumbo profesional, pues cargará con sus propios errores y con los de Florentino Pérez.

Publicidad