El mundo del fútbol es lo que tiene: nadie conoce a nadie y solamente importa el hoy. Apenas un día ha bastado para olvidarnos de Joseba Etxeberria y su breve estancia como entrenador del Club Deportivo Tenerife.
El entusiasmo que desató su llegada, con una racha de victorias que hizo concebir esperanzas de pelea por el ascenso, queda ya lejano en el recuerdo, y muy poco se hablará sobre su fulminante despido del pasado lunes por la mañana, es decir, apenas antes de ayer.
Etxeberria se va como vino, como una incógnita incluso para sí mismo, empeñado como está el vasco en refrendar como técnico el brillante currículo que se labró como futbolista internacional. Pero ya dijo Rafa Benítez que un entrenador no lo es del todo hasta que no sufre su primer despido.
Decimos adiós a Joseba, gracias por los servicios prestados, y damos la bienvenida a José Luis Oltra, un tipo de trato agradable que nos remonta a una etapa pasada y más feliz, aunque también lejana en el tiempo. La mejor ayuda que podemos dar al nuevo entrenador del Tenerife es no recordar una y otra vez que de su mano el club logró su último ascenso a Primera División.
Las circunstancias son distintas y el mismo Oltra ha conocido experiencias de todo tipo, de modo que ahora mismo se impone pensar en el corto plazo, es decir, en el próximo partido de Liga, en el campo del Córdoba. El entrenador se pone el listón alto al afirmar, en su rueda de prensa de presentación, que ve a la plantilla capacitada para luchar por los puestos de privilegio en la tabla.
¿A quién se dirige ese mensaje? ¿Al club, a la afición, a los jugadores? En mi opinión, a los futbolistas, porque Oltra, antes de enseñar sus cartas tácticas, está obligado a ejercer de psicólogo para una plantilla atribulada. Bienvenido de nuevo, míster, y que nos vaya bonito a todos.
























