El Heliodoro se ha contagiado del tirón de un equipo, el suyo, que se asoma al PlayOff a una velocidad asombrosa. Lejos quedan ya los meses oscuros de una temporada, la actual, en la que la afluencia del espectadores llegó a 'tocar fondo' con ocasión de la peor situación clasificatoria de los suyos. Pero, tras el arreón actual y las opciones de ascenso más vivas que nunca, la afición se ha subido al carro, como algunos lo llaman, para abarrotar el estadio en pos de animar a un equipo, que, ahora más que nunca, necesita a su gente.

En medio de todo esto, el debate vuelve a surgir entre los abonados más fieles, que sacaron su pase de temporada en verano, y, que, a pesar de los malos resultados y de la cercanía del descenso, en enero, nunca dejaron de acudir. Esos mismos leales que hacen que, independientemente de la categoría en la que esté el equipo, la entrada del estadio difícilmente baje de los 8.000 espectadores.

En el otro lado, los que acuden en masa cuando la situación se torna ilusionante. Son los tachados de 'subirse al carro', que, por supuesto, son totalmente necesarios, y bienvenidos, para crear el mejor ambiente posible en el Heliodoro. Coincidiendo con la renovada ilusión, la afluencia de público ha vuelto a crecer, tras el repunte de un comienzo de temporada que dio paso al ambiente frío propio de una crisis deportiva.

Y es que la efervescencia de un verano ilusionante se dejó notar en las primeras jornadas, en las que, salvo los 10.287 del estreno, en pleno agosto, ante el Zaragoza, las cifras de afluencia de público siempre superaron los 12.000 espectadores, en los siguientes encuentros como local. Tras caer 2-0 en Valladolid, el Granada metió a 13.307 personas un domingo por la mañana, coincidiendo con la cuarta jornada. Después, y a pesar de los malos resultados ligueros a domicilio, la cantidad de público asistente siempre se mantuvo por arriba de la docena de miles.

Incluso con el equipo ya por debajo de mitad de tabla, a finales de octubre, la visita del Osasuna propició la que, hasta ese instante, era la mejor entrada de la campaña en Liga (13.762). Sin embargo, y tras el desastroso mes de noviembre, y la derrota ante el Almería, a principios de diciembre, la grada se fue quedando cada vez más huérfana de seguidores.

Tras los poco más de 10.000 que vieron el 3-0 ante el Reus, la goleada sufrida en Gijón hizo que, a pesar de la atractiva visita del Cádiz, el estadio tocase fondo este año: 8.425 personas formaron parte de la peor entrada de la temporada.

Ya en enero, en plena crisis de resultados, y muy cerca del descenso, el insulso empate a cero ante el Valladolid lo vieron apenas 9.815 personas, justo antes de la visita a Granada, que supuso el cambio de entrenador.

El estreno de Etxeberría tampoco ilusionó demasiado, con 10.207 personas en la grada. El choque aplazado a lunes por la tarde ante el Lugo hizo estragos, apenas superando los 9.000. Pero, a partir de ahí, y coincidiendo con la gran racha triunfal del vasco en el banquillo, la ilusión se disparó: 14.600 vieron la gran victoria ante el Oviedo, y, a pesar de venir de caer en Soria, el Lorca ya metió más de 15.000.

El Sevilla Atlético agotó las entradas, pero, sin embargo, no se alcanzó un lleno muy difícil de alcanzar. En el recinto capitalino se quedaron más de 3.000 sillas sin ocupar, debido a la ausencia de muchos abonados o invitaciones sin cubrir.

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