El segundo presidente más longevo de la historia del CD Tenerife cumple 12 años como máximo mandatario de la entidad blanquiazul. Miguel Concepción accedió al cargo el 15 de febrero de 2006, en un momento de crisis institucional que se agravó tras la dimisión, al completo, de la directiva de Pérez Ascanio a finales de 2005.
La famosa reunión del Restaurante La Ermita, en El Sauzal, a finales del mes de enero de 2006, fue clave para que Paulino Rivero, acompañado por una nutrido grupo de empresarios influyentes de la isla, designara a Miguel Concepción para la nueva presidencia del club.
Su gestión podría resumirse en dos facetas: La deportiva y la económica. En lo deportivo, podría resumirse su mandato diciendo que el Tenerife ha estado más tiempo en Segunda B que en Primera. Obviamente, su principal éxito, el ascenso a la máxima categoría de 2009, aunque con al fracaso estrepitoso que supuso el doble descenso consecutivo, de Primera a Segunda B, en apenas un año. 16 entrenadores y casi 100 fichajes, en doce temporadas, hablan a las claras de la inestabilidad deportiva de un club que, hace doce años, era 15º en Segunda, con 30 puntos. Justamente doce años después, está en una situación muy similar, toda vez que ocupa la 12ª plaza en la tabla, con 33 puntos.
Económicamente existe una verdad irrefutable. Y esa no es otra que la evidente reducción de la deuda, que superaba los 50 millones de euros a principios de 2006 y que, doce años más tarde, apenas supera los 12. Sin embargo, hay varios factores que explican esa reducción de la deuda, y no tienen mucho que ver, precisamente, con una gestión privada ejemplar.
En su primer año de mandato, Concepción, y su Consejo, 'cobraron' los cerca de 16 millones de euros de la venta de los terrenos de Geneto, pero esa fue una gestión que realizó la directiva saliente, presidida por Víctor Pérez de Ascanio. Esa cantidad de dinero fue el punto fundamental de reducción de deuda de aquel primer año. Conviene destacar el enorme apoyo de las instituciones públicas a un club que, de no haber tenido el apoyo del Cabildo, habría consumado un descenso administrativo en 2014.
El uso de una instalación pública como es el Heliodoro, incluido en sus activos por una cantidad cercana a los 22 millones de euros, evitó a la entidad entrar en causa de disolución por aquel entonces. Por si fuera poco, en 2015, Paulino Rivero volvió a activar el convenio de patrocinio del Gobierno de Canarias, por el cual el Tenerife -y las otras cuatro SAD del Archipiélago- ingresaron 3,8 millones de euros -en el caso del Tenerife- en concepto de difusión de la marca 'Islas Canarias'.
Pero no ha sido el único apoyo de capital público que explica la reducción de deuda del club. El Cabildo va a financiar un 70% de las obras de la Ciudad Deportiva de Geneto, tasada en su día en 4,6 millones de euros, con lo que, a los tinerfeños, les costará cerca de 3,2 millones la obra de la instalación que formó parte de la promesa electoral de Concepción en 2016.
Además, la ausencia de un patrocinador privado en la camiseta del primer equipo, en la que solo han aparecido el Ayuntamiento de Santa Cruz (El Corazón de Tenerife) y el Cabildo (Tenerife 2030), demuestran la incapacidad del actual Consejo para dotar de inversión privada y reducir deuda derivada de ingresos atípicos provenientes del empresariado, evitando, así, tirar de dinero o apoyo de instituciones públicas, sin las cuales sería imposible explicar la mejoría económica de la entidad.
Otro factor a tener en cuenta en la reducción de la deuda radica en el reparto de derechos de televisión, renovado por el CSD hace tres años y, mediante el cual, el Tenerife ha visto incrementado su ingreso en este concepto. Además, en el hipotético caso de un ascenso a Primera División, este nuevo reparto del pastel televisivo haría que un recién ascendido como el Tenerife ingresase cerca de 30 millones de euros el primer año, lo cual haría que se cancelase la deuda actual a corto plazo.
En resumen, un mandato con más sombras que luces, en lo deportivo y económico, y marcado por el ingente apoyo de Gobierno de Canarias y, sobre todo, Cabildo de Tenerife, sin los cuales la situación económica del Tenerife sería mucho más grave, descenso administrativo incluido, un descenso que se evitó gracias al uso del Heliodoro, la instalación pública más importante de la isla.
























