Llega Febrero. Es decir, que la Liga encara sus últimos cinco meses de competición, y, con ellos, la parrilla de salida de los diferentes objetivos está muy clara, o parece estarlo. Salvo sorpresa, o cambio radical, algo que no suele ser habitual, cada equipo ya ha predefinido sus objetivos, o, al menos, ya sabe hacia dónde mirar, ya sea hacia arriba o, como parece ser el caso del Tenerife, para abajo.
A pesar de la tímida e insuficiente mejoría de los de Martí ante un pobre Valladolid, los blanquiazules continuaron con su nefasta racha de los últimos tiempos, y no fueron capaces de pasar de un triste empate que, además, hace que, en los dos partidos consecutivos que ha librado el equipo, en el Heliodoro, solo se haya sumado un punto de los seis posibles.
Con todo, y tras los resultados que los rivales de la parte baja han sacado adelante, el Tenerife acaba la jornada número 24 a tan solo 3 puntos del descenso, igualando la peor puntuación desde que el equipo regresó al fútbol profesional, a estas mismas alturas de temporada. Eso sí, los actuales números tienen el agravante de que, en la 15-16, cuando también se habían sumado 30 puntos, la distancia con el descenso era mayor, concretamente cinco por encima del cuarto por la cola, y, ahora, la zona roja está más cerca que por aquel entonces.
Con todo, y en el año de mayor dotación presupuestaria, siendo, además, el cuarto presupuesto más poderoso de la categoría, el Tenerife toca fondo, en febrero, y llega coqueteando con los puestos de descenso a Segunda B, de los que solo le separa un partido. Tres victorias en los últimos 16 partidos, hacen que la involución de los isleños haya sido tan rápida como peligrosa.
Y es que los fantasmas de un pasado no tan lejano empiezan a aparecer en el entorno. Los recuerdos de aquel fatídico descenso a Segunda 'B', allá por 2011, ya rondan por la cabeza del aficionado. Además, existen paralelismos que apoyan esta teoría apocalíptica. Igual que aquella campaña, el Tenerife armó un equipo, a golpe de talonario, para asaltar el ascenso a Primera, y, tal y como está sucediendo este año, los problemas internos en el vestuario fracturaron a la caseta, dividida como lo está en la actualidad, viviendo episodios de enfrentamientos entre jugadores e, incluso, multas por rendimiento poco profesional.
Por si fuera poco, los chicharreros no han sido capaces de ganar a ninguno de los cinco últimos clasificados, en lo que llevamos de competición. Este sábado, ante un Granada que es sexto y que no pierde de vista cotas mayores, todo lo que no fuese ganar podría sumir al Tenerife en una crisis aún peor. El descenso ya acecha, y lo hace de cerca. Es hora de mirar abajo.
























