El verano del Tenerife se antoja complicado. Tras el estrepitoso fracaso cosechado en la recién terminada temporada, en la que el equipo acabó por debajo de media tabla, el panorama que se presenta no es muy halagüeño, por mucho que Alfonso Serrano se empeñe en hablar de una ilusión que no se corresponde, en absoluto, con el sentimiento del aficionado.
Sin embargo, y a pesar de la enorme decepción, el secretario técnico del club evitó la autocrítica. En sus seis temporadas al frente de la parcela deportiva, en cuatro de ellas el equipo acabó por debajo de media tabla. En las otras dos, un séptimo puesto en 2007 (acabó a 16 puntos de los puestos de ascenso), y el cuarto que firmó en 2017, su mejor registro con mucha diferencia.
Lesiones, presión del entorno o la tardanza a la hora de tomar una decisión en torno al futuro de Martí, en su día. Poco más del profesional vallisoletano, que eludió la autocrítica en torno a otro objetivo que no es capaz de alcanzar, a pesar de contar con el cuarto mayor presupuesto de la categoría.
Serrano expresó su ilusión de cara al bloque conformado para el año que viene, pero con un matiz, toda vez que advirtió del enorme potencial de la categoría el próximo año, con equipos como Málaga, Deportivo, Las Palmas y los grandes de segunda que se quedaron sin subir, como Granada, Zaragoza, Sporting, Oviedo y compañía.
Como resumen, se podría decir que Alfonso Serrano se sentó, ayer, en la sala de prensa del Heliodoro, intentando hacer ver que aquí no ha pasado nada. Borrón y cuenta nueva. Lo de siempre.
























