Con la renovación de Dani Hernández, el Tenerife se asegura la continuidad del guardameta que devolvió la estabilidad a la portería del club. Desde que Sergio Aragoneses, el que más veces ha defendido la meta blanquiazul, se desvinculó de la entidad, en enero de la temporada 2013-2014, los vaivenes en esa demarcación no dejaron de sucederse.
Roberto Gutiérrez tomó el testigo, pero nunca terminó de convencer a la parroquia tinerfeña. En esa misma campaña, llegó Diego Ribas para hacerle la competencia al Icodense, que no perdió su puesto.
En el verano de 2014, fue Jacobo el llamado a ocupar la titularidad, pero apenas duró cuatro partidos. Antes del derbi ante Las Palmas, en la quinta jornada, desapareció. Alegando, primero, una lesión, y, después, marchando fuera de la isla. Roberto continuó en la portería hasta que, en noviembre, una inoportuna lesión del norteño le dio opción a un jovencísimo Carlos Abad a debutar como profesional, hasta que otra lesión le privó de seguir jugando.
Fue ahí, en enero de 2015, cuando aterrizó, de nuevo en la isla, tras 12 años fuera de su tierra. Y lo hizo para hacerse, indiscutiblemente, con la titularidad y, de paso, acabar con la inestabilidad de los guardametas. Tres años más tarde, ahora se ha encontrado al único portero capaz de discutirle el puesto, como ha sido Carlos Abad. Sin embargo, en Albacete regresó al once y lo hizo para convertirse en pieza vital con tres intervenciones de mérito que evitaron los goles del rival.
Termina un culebrón que nunca lo fue, toda vez que, desde noviembre, la ampliación del contrato del hispano-venezolano ya estaba más que encarrilada. Dani seguirá hasta 2020, cuando tendrá 34 años.
























