Si existe alguna lección positiva que se pueda sacar de la que está siendo la peor temporada de la historia del Tenerife en el fútbol profesional, es la que suele imponerse en situaciones similares, es decir, cuando vienen mal dadas. Y es que, cuando los fichajes no funcionan, cuando los profesionales del primer equipo no dan la talla, los que emergen casi por generación espontánea son los llamados a comerse casi todos los 'marrones': los canteranos.
Así las cosas, como ya ha venido sucediendo en la historia reciente del club, los futbolistas de la casa son los que intentan sacar las castañas del fuego, llegando a gozar de un protagonismo que, en condiciones normales, jamás hubieran tenido. Y ejemplos hay de todos los colores en las últimas décadas. Desde los Ayoze García, Ricardo o Ángel en plena crisis deportiva e institucional en 2005 y 2006, con la salida de Ascanio y la llegada de Concepción, pasando por los Bruno, Alberto Jiménez, Cristo Martín o Ayoze Pérez en plena sequía económica en Segunda 'B'.
Sin ir más lejos, Nano Mesa, que acabó traspasado por 3,2 millones de euros, tuvo la oportunidad de afianzarse con el equipo de profesionales cuando, en enero de 2015, y tras fracasar los fichajes que habían llegado para hacerse con la titularidad, como Pedro Martín o Tomás Martínez, Martí tuvo que tirar de él para completar convocatorias.
Aunque, obviamente, se quedan, por el camino, muchos más 'pibes' que echaron una mano en aquellas etapas de crisis deportiva, estos últimos sólo son algunos de los que aparecieron con los mayores gracias a la incompetencia de los profesionales.
Este año, no iba a ser menos. Desde muy pronto, David Rodríguez agarró el hueco que, en el lateral izquierdo, dejaron los Adrián Guerrero y Medrano, ambos muy lejos del nivel esperado. Por delante, jamás habría surgido la figura de Aarón Martín, que ha dejado casi millón y medio de euros en caja, sino hubiera sido por el mediocre rendimiento de Bodiger, la lesión de Aitor o la marcha de Corredera.
Además, una de las joyas de la cantera Dani Fernández, también aprovechó el fracaso con el fichaje de Marlos o Cantero, y el pésimo estado de forma de Waldo, para coger protagonismo en los primeros meses de competición, algo que pasó, también, con el debut de Matías o Adrián Pérez en el eje de la zaga o el regreso fugaz de Dylan.
Los ejemplos más recientes, el salto a la profesionalidad de un Jorge Padilla que, de no ser por la nefasta temporada que se han marcado Enric y, sobre todo, Ángel, no habría salido del filial y el debut del lateral César Álvarez, pieza llegada también del segundo equipo para tapar las carencias del primer equipo.























