La remontada del Tenerife el pasado sábado ante el Alcorcón tuvo a tres futbolistas como protagonistas principales. Suso Santana, porque fue el primero, quizá el único, en creer que el milagro era posible y se puso a la faena contagiando de camino al resto. Luis Milla, por firmar ese maravilloso tiro de falta que supuso su primer gol con el Tenerife, colofón de una última media hora en la que el centrocampista tomó los galones del once blanquiazul. Filip Malbasic, porque finalmente ofreció una gran versión del delantero que esperábamos desde su llegada, desequilibrante y decisivo para anotar el primer tanto y protagonizar la acción del tercero y definitivo. Ahora mismo tengo dudas de si Malbasic será capaz de repetir ese punto de codicia y obstinación que lo hizo grande el pasado sábado, si bien tengo claro que el serbio es el mejor delantero centro de la plantilla blanquiazul y debería ser titular en su posición, no en banda ni más atrasado.

Mi confianza es elevada respecto a la progresión de Milla, un futbolista llamado a jugar pronto en Primera División, mediocampista con cartel y recorrido en este deporte, que combina calidad con el balón en los pies y una capacidad de esfuerzo notable. Pero sobre quien no cabe duda alguna es sobre Suso Santana, a quien hace semanas veíamos en la plantilla del Tenerife como un recurso útil más que como un elemento necesario en el once blanquiazul. El extremo de Taco ha hecho saltar por los aires todos los pronósticos y ahora mismo es indispensable en el equipo, por lo que hace y por lo que transmite a sus compañeros con un ejemplo de esfuerzo que ante el Alcorcón resultó incluso emocionante. Dueño de la banda derecha, que se comió por entero tras la lesión en el hombro de Luis Pérez, el gran capitán del Tenerife fue quien hizo posible todo lo que vino luego, encendió primero a sus compañeros y más tarde a la grada del estadio. Joao Rodríguez y José Naranjo, para triunfar en el Tenerife, ya saben lo que tienen que hacer: fíjense en Suso Santana.

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