Dicen los sabios del fútbol que lo que funciona no se toca. Y no es que Cervera no sepa de esto, pero es evidente que ignoró esta máxima en Castalia. El técnico blanquiazul decidió revolucionar a un equipo que venía de competir y sacar resultados jugando de memoria y con una identidad bien marcada. Y todo salió mal.

Con una defensa de cinco, y con Chapela, Gomis y Marc Mateu estrenando titularidad,el equipo salió descabezado, absolutamente perdido y mezclando los roles de futbolistas que no entendieron de lo que iba el plan de partido. Y eso, en Segunda, y ante el líder, se penaliza con sangre. Una sangría provocó, en apenas media hora, el Castellón, que pasó por encima del Tenerife y acabó con tres, que pudieron ser más, al descanso.

Le pérdida de identidad fue total y el experimento acabó traduciéndose en una pesadilla que acabó con la lógica derrota de un Tenerife que ya sabe que no es aconsejable abandonar su manual de estilo original, salvo causa de fuerza mayor.

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