La Gárgola ya existía antes de ser la franquicia de ultramar de Radio Marca. Hace mucho tiempo, estando en un lugar del que ya no me acuerdo, un tal Iván Bonales me metió en esta embolada de la que seamos honestos, no sé cómo salir. La Gárgola llegó para retratar a las tragasables, y lechones que tenemos en las instituciones pegándose la vida padre, mientras usted, estimado contribuyente, madruga como un nazareno para sacar su paso adelante.
No tengo la menor intención de caerle bien a nadie, pues aquí somos mas gatos, que perros amaestrados. Y pocos son los que pueden hacer La Gárgola, pues cero favores debemos. El contrato de La Gárgola se renueva anualmente, y expirará tan pronto ponga en peligro las nominas de mis compañeros, pues el ego, que todos los tenemos, es agua y aceite con la amistad.
Señores políticos, si se han ofendido con La Gárgola, me doy por pagado. Si se han visto retratados, o etiquetados, me congratulo. Si se han reído, me inclino ante ustedes. Si no han salido en ella, hagan más méritos, o tal vez es que usted es un político honesto, y no un boca-chancla que soluciona las cosas en 90 días.
Se acaba la temporada número…ya ni me acuerdo, de La Gárgola. Desparrame y fusta, que ofende a hiperventiladas, enanos consistoriales con ínfulas de caudillos, y demás holgazanes y vividores de la zoología política local.
Lo mejor de La Gárgola son las llamaditas de los ofendiditos para quejarse, y cuyo acuse de recibo me lo pasan a mí; las tengo con un imán en la nevera, y me alegran el día.
La Gárgola no sería viable en diales encorsetados y adoctrinados como la SER, la COPE, o en La Autonómica, Radio televisión de Coalición, pues aquí llamamos a las cosas por su nombre, y nos la trae al pairo las quejas de la mesa camilla política de turno, o el lechón encorbatado ofendido.
La Gárgola es una especie de castigo divino, de revancha en nombre del ciudadano de a pie, y también una contradicción insostenible gobernada al viento del estado de ánimo, la rayada personal del instante, evidentemente la actualidad, y ese azar revirado del mundo felino que carece de explicación racional alguna.
Señoras, señores, señoros, y demás inclinaciones del genero porque le sale a usted de la bragueta y punto, nos vemos en unos meses, o no…
























