El Monólogo de Pepe Moreno: 'Mucho calor, poca vergüenza'

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Estamos asistiendo a una polarización en España y de eso tenemos mucha culpa los medios de comunicación. Creo que en este momento hay un exceso de extremismos de la vida política y además estimo que se hace una escenificación excesiva de la realidad, fundamentalmente porque vemos todos los días esta forma de exponerlo. Los ciudadanos estamos votando bipartidismo y una prueba de ello es que el PSOE gobierna en el Estado y en algunas comunidades autónomas, y de otro el PP rige en el Senado, donde tienen mayoría, y en la mayoría de las comunidades autónomas. No estamos, la inmensa mayoría, por los extremos, ni mucho menos.

Hay que tener en cuenta de que, según los politólogos, la mayor parte de los ciudadanos se sitúa en una horquilla que va desde el 4 y el 6, siendo el 0 la extrema izquierda y el 10, la extrema derecha, lo que quiere decir que en nuestro país no somos radicales, en ningún sentido. Hay muchos más grandes consensos entre los votantes en la sociedad española de lo que parece.

Hoy una parte importante de la población se informa a través de las redes sociales, y en ellas prevalecen las noticias falsas o que no han ahondado lo suficiente en los hechos para darnos una visión más polivalente de lo que está sucediendo. Ya algunos asertos como aquel de “los hechos son sagrados y las opiniones libres” han sido superados por los algoritmos que favorecen noticias que no se sabe muy bien de dónde han salido, incluso primando algunas que son falsas. Desgraciadamente, estamos dándole más importancia a cosas, que son meros guarismos y que aparecen más en algunos productos que agitan el panorama, por encima de medios tradicionales que las trabajan con más profesionalidad.

Estamos en un proceso en el que comienza a haber una cierta concienciación con la desinformación y lo aplaudimos. La información, que tiene que ser un servicio público, ha dejado de serlo. Nos estamos dejando llevar por unas ideas que no se sabe quién está detrás y que pueden darnos una idea equivocada de lo que pasa, o ver las cosas con una perspectiva superficial.

Ahora mismo, por lo que se ve en los medios de comunicación, es más fácil crear un mensaje populista autoritario que está en franca dicotomía con el que se puede hacer en una democracia. Eso, teniendo en cuenta que estamos en un momento convulso, y la responsabilidad que tenemos los comunicadores, es decir, que lo que pasa en el mundo, y que nos afecta a todos. Desde el punto de vista periodístico, es complicado ejercerlo con rigor y distancia, porque a veces los periodistas parecen militantes o hooligans. Uno de nuestros principales problemas es la falta de credibilidad. Y lo saben los dirigentes, que están creando muchas dudas, en unos momentos en los que contar, sin acritud y sin ambages, lo que está pasando y que cada uno opine, es más necesario que nunca.

Por eso algunos han salido en tromba cuando al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, que ayer fue su onomástica, lo ponían en un extremo de la foto de familia en la OTAN, o cuando el presidente estadounidense lo escogía como insolidario por negarse a pagar el 5 % de su producto interior bruto para gastos de defensa. ¿Ustedes saben lo que es poner trescientos mil millones de euros en el carril de una industria que no tiene capacidad para ello? ¿Estaríamos contentos con dedicar ese flujo a unas compañías para la construcción de barcos, o aviones, o armamento? El país tiene otros problemas porque ese dinero tendría que salir de las arcas públicas en forma de subida de los impuestos o de recortes en algunas cosas consolidadas como prestaciones por desempleo, pensiones o ayudas a las clases desfavorecidas para dársela a la industria del armamento que generalmente son americanas.

Tenemos otros problemas los ciudadanos como para que este se convierta en el foco principal. Por ejemplo, la violencia de género que se ha llevado por delante a unas cinco mujeres, a las que están matando todos los días, a cualquier hora y con callados argumentos. El otro día oí en la radio que se ha convocado el comité de crisis, ¡para el 10 de junio! Crisis y una fecha tan lejana no caben en la misma frase. Eso es lo que ellos, los que mandan, entienden que se pueden demorar.

Después tenemos el tema de la vivienda. ¿Saben cuántas hay en Tenerife vacías? Lo decía ayer el periódico El Día, nada menos que 93.750, el 20 % de las 468.750 registradas, una de cada cinco viviendas construidas en Tenerife. Si tenemos en cuenta que 11.000 familias están registradas como demandantes, tenemos un coctel de cosas mal hechas que nos puede dar una idea de que existen unas promociones públicas escasas o inexistentes. Lo que hay hoy es mucha demanda y poca oferta, un cuello de botella que convierte al reto habitacional en la principal preocupación, junto a la movilidad, de los chicharreros.

La vivienda sigue en el centro del debate de la sociedad tinerfeña. Lo demuestra el pleno del Cabildo del pasado viernes, pero no se ponen de acuerdo en votar algo que nos sirva a los ciudadanos. Los socialistas, los nacionalistas y los populares piensan igual pero diferente. No quieren darse la razón. No quieren que algo se apruebe con los votos de unos, porque eso sería como que tuvieran la verdad en su mano. Por eso no lo aprueban y la gente sigue a la espera de unos por otros.

Sin embargo, la noticia principal de ayer y de hoy es el calor que padecemos, que hace mucho calor, que las temperaturas están por encima de lo que ha sido el final de junio en otros años y que lo estamos pasando muy mal. Ni una sola palabra a los verdaderos problemas de los que habitamos en estas islas. La cesta de la compra está, por las nubes, los precios de los combustibles disparados, la violencia de género que no espera por nadie o los precios de las viviendas. Esos los asuntos que nos deberían preocupar y a los que deberían hacerle caso los gobernantes. Sin embargo, ellos van a lo suyo y lo que prima es que a nuestro presidente lo pusieron en una esquina para hacerse la foto, que Donald Trump nos dijo lo que hay que gastar en defensa y que los asuntos que a usted y a mí nos preocupan son de segunda fila. Y además tienen a medios de comunicación y plataformas para combatir todo ello y para que les den la razón. ¿Cuánta gente hemos visto estos días cabreados por la posición de Sánchez en la foto de familia y cuántos se han enfadado con los otros asuntos? Haga un cálculo y verá lo que les importa.

 

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