La Gárgola de Rafa Muñoz: 'Mato, por cortar'

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El periodismo y la política se encuentran en un cruce de caminos llamado vulgaridad. Intersección de analfabetos funcionales, y acomplejados, que evidencia que ambos mundos, protagonizan un descenso descontrolado al purgatorio del populismo, y de la acusación fácil, sin pruebas de por medio. Las RRSS dan marco al juicio público. El griterío del vulgo, la oclocracia, o gobierno de la muchedumbre, es el nuevo ordenamiento jurídico, donde la mitad de la sociedad, polarizada, elevando la política a los altares del fútbol más vulgar, sentencia, y piensa más con la bilis, que con la cabeza.

La lapidación del adversario, por fanatismo de siglas. En un estado de derecho, incluido Spañistan, y su democracia low-cost, se presume el principio de inocencia, hasta que la justicia, manoseada por los réditos políticos, dicte lo opuesto. De lo contrario, imperaría el caos. A buen entendedor, sobran nombres, y apellidos, y Mato por cortar, sin demostrar que mala hierba política es, aún debe esperar.

La oposición al socialismo en descomposición acelerada, es un reparto de señoras insulsas sacadas de Fortunata y Jacinta, y un elenco de repeinados en mocasines sacados de una cofradía de Plaza Mayor de Unamuno. Olor a naftalina castellana, y centollo. Un abanico de comadres aceleradas, y aznarines sin mundo, cuyo desespere por Moncloa, hace bueno aquel dicho de que como se te note mucho, que te la quieres empujar, al final solo te la vas a cascar; habría usado llevar al huerto, para no ofender al matriarcado sin depilar, pero esto es La Gárgola. Perdonen la vulgaridad, asonante, o consonante.

El cierre se lo lleva la princesa Frozen del cabildo. Una mesa camilla política que vive en su mundo Disney de titulares, y poses del Diablo viste de Prada, o de parda gata sata en este caso. Un artefacto político, que se permite la frivolidad de llamar comunistas a los que se manifiestan contra la herencia de cemento, y turismo de granel, que sustentan la raíz filosófica del nacionalismo de platanera, y hormigonera. Sin duda, un ser de luz de la política más empalagosa.

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