"A los pibes lo que hay que hacer es ponerlos". Es esta una frase hecha muy repetida por aficionados y profesionales del fútbol tinerfeño durante décadas. Pero la confianza en los canteranos ha sido una de las grandes asignaturas pendientes del Tenerife en los últimos 35 años, salvo excepciones muy puntuales.
Por eso, este año, como en otras ocasiones, y sólo ante la imperiosa necesidad de solventar un 'marrón', tres futbolistas de la casa han aprovechado la oportunidad y han vuelto a demostrar que, para fabricar a un jugador absolutamente preparado para competir a gran nivel en el balompié profesional, lo único que hay que hacer es ponerlos a jugar.
Y eso, precisamente, es lo que ha ocurrido con David Rodríguez, Aarón Martín y César Álvarez. Tres futbolistas con el innegable talento que sobra en la isla y que han derribado la puerta del profesionalismo con un desparpajo enorme. En el caso de David, tras convertirse en pieza clave del Antequera en Primera RFEF, el lateral tinerfeño se ha adaptado, incluso, a jugar a banda cambiada para paliar las deficiencias en el rendimiento de los laterales zurdos llamados a hacerse cono ese puesto, como Adrián Guerrero y Medrano.
Lo de Aarón Martín es caso aparte. Hace apenas año y medio jugaba con el juvenil y, tras su irrupción, por obra y gracia de Pepe Mel, el centrocampista orotavense, capaz de hacer goles de bella factura, mandar en la medular o, incluso, asistir, ha dejado, en apenas 6 meses con los mayores, casi millón y medio de euros en concepto de traspaso en el club.
La última gran aparición es César Álvarez. Otro lateral, llamado a estar a la sombra del incuestionable Mellot, pero que, entre sanciones y decisiones tácticas de Cervera, como la de poner al francés de central en Gijón, acumula seis partidos (cuatro de titular), en apenas tres meses, demostrando, también, una solidez y un oficio para desenvolverse ante futbolistas de incuestionable nivel que avalan al defensor nacido en la isla como una valiosa pieza de presente y futuro.
























