Las últimas horas de mercado para el Tenerife acabaron provocando, de forma inesperada, una batalla interna entre el Rayo Vallecano y el club blanquiazul. De hecho, más concretamente entre el presidente rayista, Martín Presa, y el máximo accionista tinerfeñista, José Miguel Garrido.
La figura de Joni Montiel, auténtico objeto de deseo de los chicharreros desde mediados de agosto, el protagonista que acabó perjudicado por las desavenencias entre ambas entidades. De hecho, a última hora de la tarde de este viernes, y apenas a cuatro o cinco horas para que se echase el cierre al plazo estival de fichajes, Rayo y Tenerife alcanzaron un pacto para la salida del mediocampista ofensivo, que iba a lograr la carta de libertad y activar el acuerdo verbal al que ya había llegado con los isleños para firmar por tres temporadas.
Tal y como había avanzado Radio MARCA, el pasado jueves, el Rayo se había plantado pidiendo un traspaso por el jugador al que le restaba un año de contrato, algo a lo que el Tenerife no podía acceder. Por eso, Presa y Garrido acordaron el pago de una cantidad que ronda el millón euros sólo en caso de ascenso del equipo tinerfeño a Primera División. Así, el club chicharrero evitaría tener que hacer frente ahora a una cantidad inasumible por el famoso 'fair play' financiero.
A partir de ahí, dos versiones que, cada uno barriendo para su casa, explicaron el por qué se rompió, a última hora, el acuerdo por Montiel. Por parte de los madrileños, Martín Presa, en declaraciones a Unión Rayo, le echó la culpa a los tinerfeños: “El Tenerife ha faltado a su palabra y creyendo que el Rayo tenía necesidad de sacar a Joni Montiel han intentado cambiar las condiciones de lo que estaba hablado y enviado hace más de 10 días”.
La versión del Tenerife es clara. El Rayo pretendía que el pago en caso de ascenso se eternizase, es decir, que los blanquiazules tuviesen que hacer frente al traspaso incluso cuando Montiel ya no jugase en la isla. Cabe recordar que, en este tipo de cláusulas por traspaso, sólo se activan si el objetivo alcanzado por el club pagador se logra siempre y cuando el futbolista que protagoniza la transacción siga formando parte de la plantilla, es decir, lo que dure en vigor el contrato firmado, que, en este caso, iba a ser de tres temporadas. En las oficinas del Heliodo aseguran que se negaron a hipotecar a la entidad con esta operación.
























