Cinco meses después, el CD Mensajero volverá a casa. Las interminables obras del Silvestre Carrillo por fin están por terminar, y, este mismo domingo, con ocasión de la visita del Villanovense a La Palma, el conjunto rojillo podrá jugar en un feudo propio que es vital para las opciones de permanencia. El exilio en el Rosendo Hernández de Miraflores ya es, por tanto, pasado.
El nuevo césped artificial, además de la iluminación y demás reformas que eran necesarias para cumplir con los requisitos para jugar en Segunda RFEF ya están listos para que los de Josu Uribe se rodeen de su afición en un campo donde, históricamente, ha sido muy difícil ganar debido al gran ambiente que allí se genera.























