El histórico derbi vivido el pasado sábado en el Heliodoro no sólo será recordado por la inmensa superioridad de un Tenerife que firmó su mejor actuación jamás vista en un duelo de máxima rivalidad regional, sino también por la enorme lección de civismo que dieron los aficionados de ambos equipos en Santa Cruz.
Y es que, más allá de algún desagradable insulto aislado que siempre sobra, la concordia entre aficiones fue la tónica dominante en un sábado que evidenció la hermandad de aquellos que, libremente y sin consecuencias, como no podía ser de otra manera, mostraron sus colores mezclados en las calles de la capital tinerfeña y, por supuesto, en las gradas del recinto santacrucero.
Todo ello en medio de la polémica suscitada, días antes de la cita futbolera, derivada de la normativa de la Comisión Antiviolencia para partidos denominados de alto riesgo, donde se impedía que la afición visitante pudiese llevar distintivos con los colores de su equipo (en este caso el amarillo de la UD Las Palmas) en otra zona del estadio que no fuese la destinada al contingente más numeroso de incondicionales del conjunto rival de los locales.
Y es que, a pesar de ello, muchos simpatizantes del equipo grancanario, residentes en Tenerife o visitantes con motivo del encuentro, compraron sus entradas en las taquillas del Heliodoro, días antes, al no poder acceder a las 700 localidades que cedió la entidad tinerfeñista a Las Palmas. Esas entradas adquiridas por libre, suponían que la ubicación de estos aficionados amarillos estuviese fuera de la zona para la afición visitante, lo que motivó que se pudieran observar a muchas personas con la camiseta amarilla en diferentes asientos de varias gradas del coliseo blanquiazul.
La respuesta fue ejemplar. Ni un sólo problema destacable, ningún reproche, mientras cada persona animaba a su equipo, libremente, durante los noventa minutos. El resultado final, fue, incluso, más importante que el deportivo, y da claras muestras de que la concordia entre los canarios no entiende de rivalidades futbolisticas, más allá del pique sano, divertido y deportivo que debe definir a este tipo de encuentros de rivalidad archipielágica.
Atrás parece que quedaron tiempos peores en los que se apedreaban guaguas o se intimidaba a aquellos que llevaban la camiseta de su equipo en cualquiera de las dos orillas. El del pasado sábado fue el derbi de la concordia.























