La Copa del Rey es, para los clubes como el Tenerife, un cuerpo extraño en el contexto de la temporada. Es una competición que tanto puede darte como quitarte, muy dependiente del azar en el sorteo inicial y de las condiciones que marca la Liga, que es la auténtica preocupación de los entrenadores.
Una mala trayectoria en la competición de la regularidad suele suponer la sentencia de muerte para un técnico; la eliminación en la Copa rara vez supone un problema de relieve, pues se da por supuesto que más temprano que tarde los grandes impondrán su potencia de fuego para alcanzar las últimas rondas. Dicho esto, el Tenerife tiene que salir a ganar esta noche su primer partido copero, con el Cádiz de Álvaro Cervera como adversario. Por varias razones.
La primera, porque los blanquiazules juegan en casa, una circunstancia bastante extraña en las últimas temporadas, marcadas para los nuestros por un visto y no visto a domicilio en la competición del KO. La segunda, porque este Tenerife necesita encontrarse lo antes posible con la sensación que proporciona el triunfo, so pena de convertir este inicio de temporada en un proceso marcado por la frustración. La tercera, porque la afición anda mosqueada con el inicio en la Liga, con un Tenerife que juega poco al fútbol y solo aspira a la supervivencia, ajeno de la confianza precisa para gobernar los partidos.
Incluso con la perspectiva de un duelo importante en la Liga, este sábado en casa y ante el Reus, el partido de esta noche hay que tomarlo como una oportunidad, y no como una molestia entre semana. Es demasiado pronto aún para andar escaqueando esfuerzos, de modo que Etxeberria está obligado a poner esta noche sobre el césped a un once competitivo. Es lo que ha dicho que hará, y no hay motivos para dudar del técnico. A ganar, pues, y a darnos una alegría. Porque nunca se sabe dónde está el comienzo de una buena racha.
























