A falta de fichajes ilusionantes, el Tenerife de Etxeberría trabaja para convertir la herencia de la temporada pasada en un bloque sólido y que juegue de memoria. El vasco, llegado en febrero, y con las exigencias propias del guión de un equipo que necesitaba ganar o ganar, no tuvo la tranquilidad y el tiempo necesarios para hacer a su mano las herramientas que se encontró.
Ahora, con una pretemporada de por medio, con un nuevo segundo entrenador y, sobre todo, con tiempo para ensamblar su idea y su filosofía a unos jugadores que, además, ya conoce, el entrenador del Tenerife que viene, mucho más 'pobre', económicamente, que el año pasado, y rodeado de adversarios 'transatlánticos' por estar en la parte alta de la tabla, sabe que, para sobreponerse a esas desventajas, es vital ser sólidos e intensos en cada partido.
Y eso fue lo que se vio en el amistoso ante Las Palmas, el pasado sábado. Fue un partido gris de ambos equipos, pero, sin duda, fue el conjunto chicharrero el que se pareció más a un equipo rodado y reconocible. Fútbol poco brillante, sí, pero efectivo y robusto.
Precisamente, a partir de la defensa quiere Etxeberría construir un equipo que, después, sea capaz de salir rápido y hacer daño a la contra, aunque esto dependerá del perfil de delanteros que lleguen: Nano y Naranjo serían ideales para este estilo de juego.
A falta de los retoques necesarios, lo que está claro es que el nuevo Tenerife de Etxeberría ya sabe cuales son los ingredientes para triunfar en la categoría. Agresividad, intensidad y solidez defensiva. A partir de ahí, una filosofía de juego reconocible.
























